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¡La corrupción también tiene familia!

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¡Qué país tan extraordinario el nuestro! Aquí algunos funcionarios públicos parecen descubrir el secreto de la prosperidad económica apenas reciben un nombramiento. Y, curiosamente, alrededor de ciertos cargos florecen negocios, amistades, parentescos y una generosidad social digna de los grandes filántropos.

¡Qué manera de progresar!… Lo de Mariaca y los demás investigados ya no debería sorprendernos solamente por los millones encontrados. Primero una ambulancia transportando dinero. Después dólares en cajas de zapatos. ¡La justicia boliviana parece haber descubierto un sistema bancario que no necesita bancos!

Pero lo verdaderamente interesante no está dentro de las cajas. Está alrededor. Porque en Bolivia el poder rara vez se disfruta en soledad. Siempre hay un hermano disponible, un sobrino emprendedor, un cuñado con talento empresarial, un compadre influyente y algún amigo dispuesto a colaborar.

Y si todavía queda presupuesto para la vida social, aparecen las comparsas, las fraternidades, los equipos de fútbol, las casacas regaladas y los carnavales inolvidables. ¡Qué maravilla de solidaridad!

La pregunta incómoda no es si tener familiares constituye un delito. Evidentemente no lo es. La pregunta es cuándo una relación familiar o una amistad deja de ser un vínculo personal y comienza a funcionar como mecanismo de influencia, protección o enriquecimiento.

Porque ya conocemos esa vieja costumbre boliviana de confundir lo público con lo privado y lo institucional con lo familiar. Algunos........

© La Razón