Los sonidos que no suenan
No queda nadie en el pueblo de la frontera con la nieve. Al lado del pueblo, está todo verdecido. Al lado de la nieve, todo mustio y enfriado. Al lado del pueblo había de todo, pan fresco y hortalizas, voces animadas y coros esporádicos de pájaros polifónicos. Había paz en las noches y algún altercado entre pretendientes de la costurera, la única, la solicitada, la codiciada, la que sabía de su oficio a costa de haber sido curiosa desde siempre. Se fijaba siempre en los detalles, en las costuras, en los bordes, en los bordados, en los pliegues de las enaguas, en los botones mal cosidos, en el punto del tejido y en los puntos finales necesarios entre las gentes de su pueblo. Pero ahora no hay nadie, hay más bien un vacío que es imposible de experimentar porque no hay nadie para contarlo. Se lo puede imaginar, como un Chernobyl........
