El grillo que me abandonó
Ejemplar de ´Calliphona alluaudi´ captado por el científico canario de la Universidad de La Laguna Pedro Oromí. / Pedro Oromí
Vivo en un edificio que me gusta mucho. No porque presuma de una arquitectura de la antigua Grecia de orden dórico o jónico, sino porque somo pocos vecinos y no nos damos problemas los unos a los otros, por lo que podríamos decir que es un bloque silencioso. Bueno, lo era. Lo era hasta que llegó un nuevo inquilino.
Supe de su existencia el pasado jueves y desde entonces se hace notar cada noche. Apenas cae el sol y el barrio comienza a dormirse, aparece él: pequeño, negro, con cara de no haber pagado impuestos nunca y una confianza escénica comparable a la de una estrella del rock en gira de despedida. Sí, el nuevo y chinchoso vecino es un grillo. El insecto no canta. Él anuncia. Declara. Publica un manifiesto sonoro desde no sé muy bien dónde. «Cri-cri». Y otra vez: «cri-cri». Y toda la santa noche: «cri-cri», «cri-cri», «cri-cri».
Cuando era niña y pasaba los veranos en casa de mi abuela........
