Cariño y capricho
Los padres repiten en voz baja, “no quiero que mi hijo sufra lo que yo sufrí” y sin darse cuenta, mientras le abren todas las puertas, le están quitando la oportunidad de aprender a frustrarse. Piense en un automóvil sin frenos; puede ser el más moderno, el más veloz, el más admirado … hasta que llega la primera curva cerrada; y es algo así con los hijos, avanzar sin límites emociona al principio, pero tarde o temprano la vida pone una curva, y lo que no se entrenó en casa, se cobra fuera de ella. Se ha pasado de la dureza de antes, al “todo para ti, mi amor”; menos hijos, más recursos, más culpas, más prisas, el escenario perfecto para que el niño se convierta en “su majestad el hijo” porque hay quien........
