El árbol, fuerte compañía
Hoy es el Día del Árbol. Como penacho verde a veces adornado de flores y frutas, que se agita festivo con el viento como festón de porrista celebrante, nos invita siempre a aplaudir la vida que de lo mínimo, la semilla, se alza fuerte hacia lo alto; ramas y hojas que sirven de cuna a flores y frutos que se vierten a la vista, el tacto, el gusto, el alimento, la sombra. EI vientre de su madera servirá para construir el hábitat humano; cuando los pájaros aceptan su ramaje, el árbol emite los sonidos vibrantes de una eterna sinfonía universal.
Qué grande y significativo es un árbol. El papa, León XIV, en su reciente visita a Guinea Ecuatorial invitó a todos a ser como el árbol insignia de su región: la Ceiba, resistente, bella y fructífera. El padre Jaime Pinzón en su último libro publicado en el 2026, titulado "Ocurrencias e inquietudes”, en cátedra de cultura y recta vida resalta unas líneas de Miguel Antonio Caro sobre el árbol, que lo compara a un poeta porque desde las entrañas de la tierra en su raíz se eleva hasta alturas sorprendentes en un silencio que a diario ofrece sorpresas de crecimiento.
La Biblia desde sus comienzos resalta el valor del árbol, lo cita entre una de sus primeras creaciones divinas y lo pone como símbolo de sabiduría y misterio en el centro del Edén hermoso, que pondrá a prueba la fuerza recta y obediente de Adán y Eva como estandartes de la humanidad. En aquel árbol se decide una nueva etapa desmembrada de la paz interior ante la desobediencia de aquellos primeros pobladores. Aquel árbol es citado como árbol de la ciencia, tropiezo y derrota que rompe la unión y confianza entre Dios y la humanidad.
Pero otro árbol, levantado en lo alto de un monte, como faro eterno, bañado su tronco en sangre divina del Redentor universal, restaurador definitivo de todo daño ocurrente, don del "fruto bendito del vientre de María", el daño iniciado en aquel primer árbol del Edén es convertido en tierra nueva, en abrazo acogedor de Dios, en fuente de perdón, luz nueva, fuerza incontenible.
La Liturgia canta en referencia a esto que "aquel que en un árbol venció (al maligno) en un árbol fue vencido (la cruz)", y alcanzamos la libertad y la posibilidad de hablar y realizar salvación, santidad, felicidad.
Cuidar y aumentar los árboles es una manera de amar la naturaleza, servir al crecimiento de una tierra fecunda y floreciente; el verdor de su ramaje es reflejo de esplendor, respiro de la naturaleza, empuje al futuro mejor de nuestra tierra.
