Lo respetable
En medio de la barahúnda en la cual se encuentran no pocos colombianos, enfatizada con motivo de las próximas elecciones presidenciales en Colombia, viene mediante un mensaje afortunado, como todos los suyos, una disertación ilustradora.
Esta columna en épocas pretéritas se refirió al toledano José Antonio Marina Muñoz, octogenario, filósofo, escritor y pedagogo. Ahora dirige una tertulia con un tema de actualidad: Las opiniones (El País).
La mayoría de los colombianos son proclives a opinar: sobre todo, en todo lugar y en todo tiempo. Poquísimos guardan silencio, aunque sus mentes e intereses hayan analizado las situaciones que les atañe en cercanía o lejanía.
Opinar es un acto humano trascendente, constituyendo un pilar en las relaciones humanas, que hace la distinción con la robótica. Ello sin omitir que hay personas que han adquirido y formalizado un disco, que como tal se repite con ligeras modificaciones a través de las horas y los entornos.
Explica el educador José Antonio, las diferencias entre la respetabilidad de expresarse y el contenido de lo que se enuncia. Reafirma, el hecho de que lo respetable de una opinión es el reconocimiento a la defensa del derecho que lo asiste para expresar su pensamiento, sin que sea limitado por ello.
Pero, viene la distinción fundamental que él considera debe tenerse en cuenta, el contenido del pensamiento no siempre es respetable porque puede oscilar entre sandeces hasta posiciones totalmente opuestas a la realidad. Cuando suceden estos hechos la respetabilidad se elimina porque no todo lo que dice es respetable.
Esta distinción, ignorada por muchos, es motivo de contradicciones. Afirma el filósofo que si una opinión no está respaldada con argumentos no deja de ser una expresión al aire, que no permite refutaciones valederas. Ello puede conducir a revelaciones e interpretaciones inadecuadas que no permiten el análisis fundamental de lo conocido.
En este momento en el orbe, América y el país, se expresan opiniones por los líderes de todo orden, pero son más evidentes en el conglomerado universal, quienes deberían exhibir sindéresis en todos sus actos, y la expresión, por cualquier medio es uno de ellos.
Los colombianos, se hallan en medio de alud de palabras, con o sin sentido, en apoyo o rechazo a alguno de los candidatos presidenciales. Y se preguntan: ¿Quién tiene la verdad? Con donosura el contertulio Juan José Medina, expresa que la verdad no es de nadie: Es la verdad, dicho así y llanamente, sobreviene la idea de: ¿cuánto se han apartado los ciudadanos de la verdad?
La falsedad pulula a través de la plática, a veces con una desvergüenza total. Nadie está libre de recibir notas falsas y proceder sin apego a la verdad. Tampoco está exento de un error de interpretación facilitado por muchos factores, pensamientos o acciones, como por ejemplo votar. Y, como lo expresa Javier Cercas, no es lo mismo comparar que equiparar. Es tanta la desinformación que se atreven a anunciar, sin evidencias, que el sol desaparecerá al otro día. Muchos compran velas.
