Orlando Viera-Blanco: ¿Transiciones a mesa limpia? Del realpolitik...
La transición venezolana no fracasará por falta de legitimidad, sino por exceso de purismo. La política no es un tribunal; es una ingeniería de poder. Como escribió Raymond Aron, la historia no juzga intenciones, juzga consecuencias y ya lo dijo Kissinger.
En el debate venezolano persiste una premisa tan seductora como peligrosa: la idea que la caída de un régimen criminal además de autoritario debe conducir de manera inmediata, automática, al restablecimiento pleno del Estado de derecho, la vigencia integral de los DDHH, la instalación democrática y la sustitución total de las élites del antiguo poder. Qué más quisiéramos. Pero las cosas no pasan como uno las desea, sino como las ordenan las circunstancias.
Esta narrativa—aunque normativamente atractiva—no resiste el contraste con la historia ni con la teoría política comparada […] Las transiciones no son idealistas, esto es, una transición que rompe con el antiguo régimen a “mesa limpia”, sustituyendo el mal por el bien o el autoritarismo por la institucionalidad democrática, ipso iure.
El problema no es lo que aspiramos sino su desconexión con la naturaleza real de las transiciones desde un poder criminal inédito, que controla territorio, economía, FFAA y redes internacionales ilícitas.
El tema no es ‘hágase el estado’ y por arte de magia, emerge la ética, el derecho, la justicia y la paz. Antes toca desarrollar una fase de autoridad y reforma bajo control coercitivo y de mando que garantice orden y obediencia. A eso fue la Sra. Laura Dogu a Venezuela. Más que una Jefa de Misión Diplomática de EEUU, es la verdadera Jefa Interina. Eso lo llaman realpolitik.
La transición no es un acto moral, es un proceso de poder
La historia enseña otra cosa. Las transiciones reales no comienzan con el estado de derecho; terminan aspirando a él y consagrándose, después de un largo proceso de purga y decantación.
Decantar el poder criminal en procura de una restauración institucional no es tema de “soplar y hacer botellas”. Mucho daño le hacen a María Corina quienes manejando una narrativa crítica a la Casa Blanca, venden como ingrávidas pompas de jabón, la instalación de derechos; Edmundo, Machado y democracia. ¡Con qué alas vuela el jilguero decía el poeta [sic]—!¡Con el voto del pueblo! me responderían. A ellos les digo: está dispuesto el pueblo a inmolarse—una vez más—por la defensa de ¿La Constitución’ o a salir a trabajar—con seguridad—por la vida, por sus hijos, por su estómago?
Reeditar historias de peleas desiguales—aun con un régimen amenazado y asustado—no genera obediencia popular. La república saneada viene, pero antes es necesario un inevitable proceso de síntesis y reducción.
Uno de los errores conceptuales más frecuentes consiste en equiparar transición política con la restauración inmediata del orden constitucional. En Venezuela primero se deben dar las condiciones para un proceso real de relegitimación de los poderes, que arrancará con un proceso constituyente. Pero antes es necesario rehabilitar a una sociedad desmembrada devolviendo la esperanza con libertad sí, pero también con luz, comida, agua, trabajo y medicinas.........
