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NABEP: ¿quién la financiará y quién garantizará que el acuerdo sobreviva en Washington? por David Morán Bohórquez

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06.09.2026

Aportes de la Apertura Petrolera 1.0 a un debate de USD 100 MMM: ¿por qué la física del yacimiento no resuelve el costo de capital ni la desalineación de los relojes políticos?

Aclaratoria necesaria: Escribo estas líneas a partir de mi experiencia directa como participante en la Apertura Petrolera venezolana desde el Ministerio de Hacienda durante la segunda presidencia de Rafael Caldera —un proceso que sirvió de modelo para esquemas de apertura en diversas latitudes—. Lejos de emitir juicios de valor político (los cuales tengo y me reservo para otros espacios), mi propósito aquí es estrictamente analítico, como el de aportar la perspectiva adquirida tras años de trabajo en el desarrollo y estructuración de proyectos complejos. A lo largo del texto, expongo observaciones sencillas sobre los componentes fundamentales de esta inusual arquitectura financiera y corporativa, abordando las preguntas esenciales que cualquier analista profesional de riesgo se formularía antes de comprometer capital a largo plazo.

Comencemos…

Hay una pregunta que debería estar en el centro del debate sobre el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela y que, hasta ahora, ha recibido mucha menos atención de la que merece:

¿Quién financiará realmente los hasta USD 100.000 millones que North American Blue Energy Partners (NABEP) dice que invertirá en Venezuela?

Pero hay una segunda pregunta, todavía más profunda:

¿Quién garantiza que la arquitectura política que hace posible hoy ese proyecto seguirá existiendo dentro de 10, 20 o 40 años?

Porque NABEP no está recibiendo un contrato convencional de explotación petrolera. Está recibiendo concesiones por 100 años sobre 17 campos que, según la Casa Blanca y la propia empresa, contienen alrededor de 65.000 millones de barriles de reservas probadas. Washington, además, obtiene una participación del 35% en la matriz corporativa, derechos preferenciales sobre la producción y poder de veto sobre la designación de miembros del directorio.

La escala obliga a mirar el acuerdo desde otra perspectiva que no es la enunciativa.

1. Petróleo no es dinero

Tener acceso a 65.000 millones de barriles (cantidad no certificada) no significa disponer de USD 100.000 millones.

Una reserva petrolera es un activo económico. Para convertirla en flujo de caja hay que perforar, construir infraestructura, instalar equipos, recuperar producción declinante, desarrollar transporte, mejorar instalaciones de procesamiento y sostener durante décadas enormes inversiones de capital (CAPEX).

NABEP afirma que ya elevó su producción desde unos 18.000 barriles diarios hasta más de 200.000 (cifras no auditadas) y que ha invertido cerca de USD 1.000 millones de capital propio. Ahora plantea llevar la producción por encima de un millón de barriles diarios y movilizar cerca de USD 100.000 millones.

En este análisis utilizaremos esas cifras anunciadas que nadie ha certificado, pero son las que tiene, por ahora, el mercado. Sigamos…

La pregunta financiera básica es inevitable y pertinente: ¿Puede una compañía de ese tamaño levantar USD 100.000 millones exclusivamente sobre la fortaleza de sus propios activos, contratos, balance y capacidad operativa?

Porque una cosa es controlar un supuesto petróleo in situ y otra, muy diferente, es conseguir que bancos, fondos de pensiones, aseguradoras, private equity, mercados de bonos y accionistas institucionales comprometan durante décadas el capital necesario para desarrollarlo.

2. ¿Cuánto capital propio puede aportar NABEP?

Esta es quizás la pregunta más sencilla y, paradójicamente, una de las menos discutidas. Esa pregunta básica que se aprende con buenos profesores o experiencia.

Si NABEP ha invertido aproximadamente USD 1.000 millones para alcanzar su escala actual y anuncia ahora inversiones cercanas a USD 100.000 millones, estamos hablando de una expansión de un orden de magnitud extraordinario: es un salto de 100x o un 9.900% de aumento sobre el capital base de 1.000 millones.

Por supuesto, el capital futuro no tiene que provenir del accionista controlador. Puede proceder de deuda, equity, project finance, offtake financing, fondos institucionales, socios estratégicos o mercados de capitales. Pero todos ellos exigirán algo básico: cuál es el riesgo ajustado por rendimiento.

Y aquí empiezan las primeras preguntas: ¿Cuál será el costo de capital de un proyecto petrolero venezolano con concesiones a 100 años, en un país que acaba de atravesar una ruptura política extraordinaria, cuyo marco institucional todavía está en transición y cuyos activos están expuestos a riesgos regulatorios, jurídicos y políticos?

Y seamos claros. La pregunta no es si Venezuela tiene petróleo. Es una necedad hacerla, el país tiene uno de los menores riesgos geológicos con más de 100 años de actividad petrolera. La pregunta que se hace un analista financiero es: ¿a qué costo de capital puede financiarse ese petróleo?

3. ¿Qué ocurre si quitamos a Washington del modelo?

Este debería ser el test financiero fundamental. Imaginemos, por un momento, que desaparecen del acuerdo:

El 35% de participación estadounidense;

Los derechos preferenciales sobre la producción;

El derecho de primera oferta;

El poder de veto sobre el directorio;

El respaldo político de Washington;

Y la protección implícita que puede proporcionar la presencia del Gobierno estadounidense.

¿Seguiría NABEP pudiendo levantar USD 100.000 millones en los mercados internacionales?

Si la respuesta es sí, entonces estamos ante un proyecto genuinamente financiable por el mercado. Si la respuesta es no, entonces la pregunta cambia: ¿Cuánto de la bancabilidad de NABEP proviene de sus activos hidrocarburíferos y cuánto es, en la práctica, una garantía implícita del balance........

© La Patilla