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Humberto García Larralde: ¿Dónde Estamos?

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17.03.2026

A pesar del apoyo abrumador que los venezolanos dimos a la “extracción” del dictador Maduro y su esposa el 3 de enero, nos encontramos, hoy, ante expectativas poco claras, que generan confusión e incertidumbre. Uno se pregunta dónde nos encontramos en el ansiado proceso de transición a la democracia. Ante los acontecimientos que van sucediendo, el plan inicial de Marco Rubio, aparentemente muy prístino y coherente –estabilización, recuperación y transición democrática– parece irse desdibujando. Veamos.

Las ilusiones que despertó la aprobación de una Ley de Amnistía, así como las actitudes –aparentemente conciliatorias– asumidas por los hermanos Rodríguez desde los poderes Ejecutivo y Legislativo para con los venezolanos, parecieran no terminar de cuajar. Por un lado, la lentitud, discrecionalidad y arbitrariedad con que se viene aplicando esta Ley, afianzada en lagunas, sesgos y despropósitos en su articulado que han sido señalados por respetados expertos en la materia, sugieren la ausencia de intención real por desmontar el aparato de terror fascista con el que se ha sostenido hasta ahora el poder de la presente camarilla. Negar la amnistía a Perkins Rocha y a la periodista Nakary Mena Ramos, entre otros, revela un poder judicial abyecto, constituido como herramienta de persecución política, en contraste con el sentido que, se supone, tiene esta norma. La amenaza no tan velada a María Corina Machado si regresa pronto a Venezuela, amparándose en el cuestionado artículo 9, es señal de propósitos de persecución personal, retaliativa, al margen de los derechos constitucionales. El ejercicio del libre arbitrio del fascista más conspicuo del régimen, Diosdado Cabello. Por otro lado, que sigan todavía presos centenares de personas por razones políticos evidencia la aplicación caprichosa, no universal, de esta ley, que se anunció como fundamento de la reconciliación entre los venezolanos. Como señaló el domingo el director de El Nacional, Miguel Enrique Otero, la razón es que cada preso tiene un dueño. “Son ciudadanos a los que han capturado y secuestrado por orden de alguno de los civiles o militares miembros del cártel, como venganza personal, para extorsionar a la familia, para quitarle su vivienda o su empresa, para complacer a algún amigo de la dictadura.”

¿Entonces, dónde estamos? En un limbo entrecruzado por........

© La Patilla