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El problema no es únicamente lo que ocurrió con la CIA en México, sino el marco en el que ese episodio adquiere sentido
La mandataria pide explicaciones a EE.UU. sobre agentes estadounidenses operando en México. Crédito: José Méndez | EFE
Por Guadalupe Correa-Cabrera
No es la presencia —confirmada o no— de agentes de la CIA lo que debería preocuparnos. Es lo que esa historia permite construir. En medio de versiones contradictorias, silencios oficiales y explicaciones incompletas, el caso ha dejado de ser un incidente aislado para convertirse en algo más relevante: una pieza dentro de una narrativa mayor que podría justificar acciones extraordinarias contra México.
El gobierno de Chihuahua ofreció versiones que pronto entraron en tensión con otros relatos. El gobierno federal encabezado por Claudia Sheinbaum ha respondido con cautela y poca claridad. Del lado estadounidense, el silencio no disipa dudas: las multiplica. Pero concentrarse en estas inconsistencias es quedarse en la superficie. El problema no es únicamente lo que ocurrió, sino el marco en el que ese episodio adquiere sentido. Y ese marco es, hoy, profundamente inquietante.
Sheinbaum asegura que colaboran con EE.UU. pero reitera que la soberanía no se negocia
La coincidencia temporal no puede ignorarse. Este episodio surge prácticamente al mismo tiempo que hechos de violencia de alto impacto, como el tiroteo en Teotihuacán, y apenas unos meses después del abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes. Pero más allá de la caída de una figura central del crimen organizado, lo verdaderamente preocupante es la respuesta violenta —inusual en su forma y alcance— registrada en diversas regiones del país, que en varios casos parece responder a lógicas de despliegue coordinado y tácticas que evocan estrategias paramilitares. No se trata solo........
