La inflación y el equilibrio del dos por ciento
En economía hay pocas cifras que hayan alcanzado una aceptación tan amplia como el dos por ciento de inflación. A simple vista resulta contradictorio. Si la inflación refleja la subida de los precios, parecería lógico aspirar a que desapareciera. Sin embargo, la experiencia acumulada a lo largo de décadas ha llevado a los bancos centrales a situar ese dos por ciento como un punto de referencia razonable. No responde a un capricho, es el fruto de un aprendizaje prolongado, en ocasiones incómodo, sobre el funcionamiento real de las economías.
La inflación cero, que en apariencia sugiere estabilidad y conservación del poder adquisitivo, esconde riesgos nada menores. Cuando los precios dejan de avanzar o empiezan a caer, entra en escena la deflación y, lejos de ser una buena noticia, suele actuar como un freno. Si se instala la idea de que mañana todo será más barato, las decisiones de consumo se posponen. Ese aplazamiento, cuando se generaliza, reduce los ingresos empresariales y obliga a ajustar producción, inversión y empleo. Se forma así una dinámica poco saludable en la que la actividad se enfría, la renta se resiente y la incertidumbre gana terreno. La historia económica ha dejado suficientes episodios para entender que una estabilidad de precios mal entendida puede terminar derivando en estancamiento.
En el lado opuesto, una inflación elevada actúa como un desgaste constante, casi imperceptible al principio, pero muy real........
