La ceguera como estrategia
Dos niños palestinos, en un campo de refugiados de Ciudad de Gaza, este domingo. / AP
De Saramago a Gaza, pasando por Bruselas.
La novela Ensayo sobre la ceguera, publicada en 1995 y escrita por quien después recibiría el Premio Nobel de Literatura en 1998, describe una epidemia ficticia. Cuando José Saramago imaginó una epidemia de ceguera blanca no estaba escribiendo sobre un virus, sino sobre la condición humana. La historia de aquella novela nos heló la sangre porque sentíamos que, bajo las capas finas de la civilización, solo esperaba una bestia. Pero lo que vemos hoy en el tablero mundial no es una metáfora, sino su confirmación documental. Y lo más aterrador no es que nos hayamos quedado ciegos, sino que hemos decidido voluntariamente cerrar los ojos.
1. La ceguera como coartada o patología del poder
Empecemos por los que ocupan los palcos del mundo. Desde Washington hasta Moscú, pasando por Jerusalén y Bruselas, observamos un fenómeno que Saramago describió con precisión quirúrgica: la pérdida de la visión ética no como accidente, sino como estrategia.
El "egoimperialismo" de ciertos líderes mundiales no es una simple política exterior; es la negación consciente del otro como ser humano. Cuando se justifica la invasión de un país soberano (como Ucrania) o se bombardea una población densamente poblada (como Gaza, Irán o Líbano) con la excusa de la seguridad, se está practicando una oftalmología inversa: se extirpa la retina de la empatía para poder dormir tranquilo. El que no ve el rostro del niño entre los escombros, no tiene pesadillas.
No es que Trump, Netanyahu o Putin no vean el dolor que generan; es que han decretado que ese dolor es........
