menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La resonancia

2 0
previous day

Llegué puntual al hospital. Exactamente a las cinco y cuarenta y cinco de la tarde. Planta primera, puerta B. Los pasillos estaban en completo silencio, vacíos. Seguía pensando en cómo se les ocurría hacerme la prueba un domingo. No tenía sentido. O quizás sí: los médicos padecen una gran precariedad salarial y las horas extras en festivo se pagan bien, pensé. Un incentivo para añadir al sueldo.

Al momento apareció una enfermera. Hice el gesto de entregarle el volante que llevaba en la mano, pero ni lo miró. —Pase a la cabina dos y desnúdese de cintura para arriba. Quítese todo lo que lleve metálico —ordenó. Desvió la mirada hacia mis manos y añadió—: Anillos, pulseras y cadenas fuera.

Me quité los tres anillos, los pendientes y la pequeña cadena que llevaba al cuello. Esperé dentro de la cabina con la bata que me entregó, abrochada a la espalda. Le advertí que estaba algo acatarrada y que la habitación estaba fría, destemplada.

—No se preocupe, la cubriré con una sábana —respondió.

Una vez fuera, me pidió que me colocara sobre la camilla, colocada frente al tubo blanco y plastificado, similar a un ataúd. La última y única vez que me habían hecho una resonancia había sido hacía más de cuarenta años; de entonces solo recordaba los ruidos y los golpes, idénticos a los........

© La Opinión de Zamora