La rapidez de gestión administrativa de Castilla y León
Hace años que venía pensando en sustituir las ventanas de mi piso en Zamora por unas con doble cámara. Es sabido que ello conlleva un ahorro energético considerable. Me entero de que hay subvenciones para ello. ¿Cómo no solicitarla?
Pero esta supuesta ayuda hay que sudarla. La absurda burocracia —al menos en nuestra autonomía— así lo exige: buscar un arquitecto que certifique una "memoria técnica energética" de la vivienda, antes y después del cambio de ventanas; hacer fotos de todas las ventanas, viejas y nuevas; y, lógicamente, pagar al profesional, que ciertamente se lo ganó.
No me extenderé en la cantidad de papeles —la mayoría sin sentido práctico— que la Junta requiere; baste decir que pesan casi trescientos gramos.
Solicitar permiso de obras; tres certificados de empadronamiento: uno individual, otro colectivo y más tarde "histórico colectivo". (Alguien me dijo que lo hacen para que uno se canse y tire la toalla).
En febrero de 2023 la obra estaba terminada. En abril se presentaron los justificantes requeridos. De ello se encargó el estudio del arquitecto.
Pasado un año, consulté a la Junta. Me dijeron que estaban resolviendo los expedientes de enero de 2023 y que en breve llegarían a los de abril. En otra consulta realizada en 2025 me respondieron: "El expediente sigue en curso".
Más tarde solicitaron documentación que ya se había entregado en abril de 2023. ¿Se extraviaron los justificantes?
Hace unos meses recibí un cartel que decía: "Importe de la ayuda: 3.000 €". Había que pegarlo en una ventana, hacerle una foto y enviarla. ¿Es esto para justificarse ante la Unión Europea, que es quien financia? ¿No roza lo absurdo? Porque, a día de hoy, no he recibido nada.
Para colmo, el 18 de febrero recibí un escrito del EREN informándome de que se ha encargado a la empresa pública TRAGSATEC que proceda a inspeccionar in situ las obras del expediente. Y que la negativa injustificada por mi parte a dicha inspección puede ser sancionada con hasta 6.000 euros.
Espero que no se utilicen artimañas para acusarme de oponerme a tal inspección.
En abril se cumplirán tres años desde que el expediente —y con él, imagino, muchos otros— "sigue su curso".
Con mis 82 años, quizá tengan que enviarme la ayuda a la dirección que ocupe en el más allá.
Jesús Martínez Corbella
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