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Murcia no tiene ‘niñas bosque’

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16.02.2026

Es increíble conocer la historia de las ‘niñas bosque’ de Piplantri, una zona de Rajastán (India) marcada por un renacer gracias precisamente a estas pequeñas féminas, que con su llegada al mundo traen bajo el brazo árboles. Por cada nacimiento de una de ellas el pueblo, en comunión, planta 111 árboles, todo un enjambre de vegetación que ha conseguido dar vida a un erial y conseguir que la comunidad saque partido económico a estos bosques, con el consiguiente beneficio para las familias.

Nacer y ser mujer en esa zona del mundo no es nada fácil. Pese a que la ley establece en ese país la igualdad con el varón, en realidad las féminas están sometidas a costumbres y tradiciones que hoy en día deberían estar erradicadas, pero la sociedad es patriarcal y patrilineal. Desde matrimonios concertados (una práctica prohibida por ley desde hace décadas, pero que en la práctica no se ha erradicado) hasta la necesidad de tener una dote para el casamiento, lo que provoca dos consecuencias terribles. Una de ellas es el lastre económico para las familias y la más espeluznante es la gran cantidad de feticidios que se producen. Las mujeres en esa parte del planeta son como mercancía sin voz ni voto.

Esa situación se vivía hace años en Piplantri, que registraba un número de asesinatos de fetos hembra insostenible para un alcalde que quiso cambiar esa situación. Y poniendo imaginación y ecología lo hizo. Decidió que por cada niña nacida se plantarían 111 árboles y se abriría una cuenta bancaria para que con cuestaciones altruistas pudiera alcanzar su dote sin lastrar la economía familiar. Y vaya si logró su objetivo: las niñas han pasado a ser todo un tesoro en ese pueblo que ha reverdecido y ha potenciado su economía. Las mujeres en esos bosques plantan aloe vera y otros ejemplares y con ellos hacen zumos, jabones y productos de limpieza que venden, ganándose el sustento y mirando al futuro sin miedo (la feminización de la pobreza en zonas de la India es terrible).

Esa medida ecofeminista fue puesta en marcha en 2006 por un alcalde tras la trágica muerte de su hija y a día de hoy el nacimiento de una niña es motivo de celebración comunitaria. En Murcia, salvando las distancias, no tenemos ‘niñas bosque’ que celebrar, pero sí tenemos que brindar por dos iniciativas que han acabado llegando a buen puerto tras mucho tiempo siendo esperadas. Una de ellas, de las más demandadas, deseadas y añoradas: el Parque Metropolitano de Barriomar o Parque Oeste, que en unas semanas comenzará a construirse tras más de tres lustros de anuncios. Como las ‘niñas bosque’ indias esta iniciativa cambiará radicalmente Murcia y, en particular, un barrio necesitado de infraestructuras y de atención por parte del Gobierno local que, bajo la batuta del alcalde José Ballesta, ha prometido estar muy encima de las obras para llegar a buen puerto.

Será el pulmón de la ciudad, el espacio verde más grande e importante y, como pasa con las ‘niñas bosque’, llenará una zona deprimida de vegetación y vida. Un gran proyecto estratégico que marcará el futuro urbanístico, ambiental y social del municipio golpeado una y otra vez por la contaminación y la polución cochista. Tendrá un auditorio, un jardín con inventos, una de las pantallas de cine más grandes de España, entre otros elementos, muchos árboles y arbustos. Permitirá a los ciudadanos mirar a Barriomar con envidia y redescubrir el río. Está por ver si, como en el caso de la India, el Parque Metropolitano será un revulsivo económico para un espacio que está degradado, invadido por la automoción, la inseguridad y mercadillos ilegales, según han denunciado los vecinos en numerosas ocasiones.

De momento, hay prevista una urbanización de preciosas viviendas, aunque planean por esos lares las zonas inundables y de flujo preferente, una espada de Damocles que la Confederación Hidrográfica del Segura (CHS) ha puesto en el territorio y que han suscitado las quejas de los ayuntamientos, de los constructores y promotores, y de los ciudadanos, que verán hipotecado el futuro de una parte del territorio.

Otro de los alicientes de estos meses es la restauración del meandro del Vivillo, que devolverá al río Segura una zona que podrá ser utilizada para disfrute social de los ciudadanos en Rincón de Beniscornia. Renaturalizar el caudal con árboles es uno de los proyectos del Murcia Río, una iniciativa cien por cien Ballesta, que se financia en parte con fondos europeos.

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Un río para la esperanza

Lleva un poco de retraso y en su momento se anunció que contendría una playa fluvial. Tampoco es la primera vez que se intenta dar vida a los meandros del río. La Confederación Hidrográfica del Segura ya lo intentó con una inversión millonaria, pero tras los trabajos de recuperación, esos sotos fueron abandonados en su cuidado por el organismo de cuenca y volvieron a perderse, como las decenas de palmeras plantadas que fueron atacadas por el picudo. Una pena. En este caso el Ayuntamiento de la capital ha tomado impulso con dos importantes iniciativas. Bienvenidos, Parque Metropolitano y meandro del Vivillo. Por nadie pase.

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