‘No a la guerra’, de nuevo
Ataque aéreo israelí / EFE
Como a tantos otros, esta guerra desatada contra Irán por Estados Unidos e Israel me ha traído a la memoria aquella otra de 2003, la de Irak, y lo único que nos faltaba para terminar de preocuparnos ha sido que el presidente Pedro Sánchez aparezca pronunciando la frase que se convirtió en algo tan nuestro aquel año nefasto: ‘no a la guerra’. Otros recuerdos que nos acuden son las fotografías del por entonces presidente José María Aznar con los pies sobre la mesa, junto al presidente Bush, acompañados por su colega británico, Blair, que sonríe con cara de tonto, los dos arrastrados por el americano a apoyar una invasión cuyos motivos aducidos – las armas de destrucción masiva- eran falsos.
Y no puedo olvidar la tremenda preocupación que nos creó aquella estupidez de meter a España en la guerra. Padre de cuatro hijos y profesor de cientos de chicos y chicas, ya todos definitivamente libres de la mili, notaba en el aire la inquietud de los jóvenes ante aquello de que España estuviera metida en una guerra. Y hubo grandes movilizaciones, y el ‘no a la guerra’ pudo verse y oírse en todas partes, mientras que los políticos que nos gobernaban en aquellos tiempos presumían de ser los socios elegidos, abrazados y besados, invitados a Camp David, a comer pedazos de vaca asada, y considerados amigos de alma de Bush, que se reía a carcajadas cuando el presidente español trataba de decir algo en inglés, actuación ésta muy compartida por cualquiera que conociera un poco ese idioma.
Y esta semana están pasando cosas muy distintas a todo aquello, y la frase ‘no a la guerra’ ha sido utilizada por el actual presidente del Gobierno de España y no por los ciudadanos que nos movilizamos entonces. También ha prohibido que las bases americanas en España sean utilizadas para esta guerra, y, como es natural, a Trump le ha sentado como una patada en el plexo solar, o incluso en los genitales, que los del Gobierno de un país que él no sabe exactamente dónde está, ni del que tiene ningún conocimiento, le haya salido flamenco y no se incline ante el tremendo poder que él detenta.
Inmediatamente, el jefe de la Oposición española, señor Feijóo y otros portavoces de la derecha, han señalado y se han indignado ante el atrevimiento de oponerse a los dictámenes del todo poderoso Trump, cuando, además, al principio parecía que los otros países de UE no estaban por la labor y se callaban como zorras. Estas declaraciones había que oírlas porque parecía que la decisión de Sánchez de no colaborar nos iba a arrastrar a todo tipo de miserias y soledades. Pero ocurrió que comenzaron a escucharse voces de países europeos hablando bien de la decisión de Sánchez, y ya no estaba tan solo, así que hubo que cambiar el espíritu de la cosa declarativa, por no hablar de los que han dicho que ‘hay que estar siempre con el más fuerte’ lo que indica una forma de ir por la vida que tiene nombre, aunque yo no se lo ponga aquí.
Para más Inri, resulta que la puñetera frase de ‘no a la guerra’ tiene un sonido que a mucha gente nos gusta, aunque no sea más que una frase, y que lo que realmente nos gustaría más todavía es ver que, por una vez, la Oposición respaldara algo como esto de oponerse al poder absoluto, porque pregonar que hay leyes internacionales que cumplir y derechos que respetar es bien recibido por la plebe. Y que matar a gente, 1.300 iraníes van ya, a niños que están en un colegio, o hundir 12 barcos en dos días y jactarse de ello, o desatar los odios contenidos entre los países vecinos sin saber a dónde nos va a llevar esto, y que se hable de una tercera guerra mundial, y que los israelíes sigan matando personas después de lo que han hecho en Gaza, etc. etc., resulta, digo, que el ‘no a la guerra’ nos llega y hasta nos pone, fíjense ustedes.
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