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Y fiestas de guardar

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05.03.2026

Es la segunda vez que escribo sobre esta película, pero no me puedo resistir a hacerlo. Se trata de Los Domingos. De hecho, la acabo de ver por segunda vez en Movistar y me ha resultado más interesante incluso que la primera. Es una gran historia que se desarrolla en un escenario poco habitual en estos tiempos, pero que sirve para aflorar sentimientos profundos, ideas contradictorias muy presentes en nuestra sociedad y circunstancias repletas de irresolubles paradojas. Las interpretaciones de la adolescente protagonista y de los secundarios, por utilizar un calificativo que no debería restar un ápice a su mérito, son simplemente grandiosas. En concreto, Blanca Soroa borda el papel de la adolescente Ainara, embarcada en un proceloso viaje íntimo de ‘discernimiento vocacional’ (un interesante constructo lingüístico característico del aggiornamento post concilio Vaticano II).

Pero lo que más brilla en la película, en mi opinión, es el guion. En los diálogos entre los distintos personajes se exponen de forma brillante esas irresolubles paradojas a las que me he referido antes. «No se trata de una secta», argumenta el dubitativo padre de la chica ante el requerimiento a actuar de su hermana, una agnóstica escandalizada por el evidente lavado cerebral al que una menor de edad está siendo sometida por parte de unos adultos. La respuesta del padre explica a las claras la patente de corso espiritual con la que actúan los confesores católicos gracias al estatus del que goza la Iglesia por su reconocimiento institucional. Hay que recordar que el catolicismo sí es una secta, y nació y se desarrolló como tal en las catacumbas de la capital del imperio romano. Que fuera heredera de ese mismo imperio y obtuviera un reconocimiento público a su poder, consagrado en nuestra Constitución, por ejemplo, no la exime de seguir siéndolo en determinadas circunstancias, como los que describe la película.

Dicho esto, la película y la historia personal de la protagonista no dejan de inducir sentimientos y tribulaciones en cualquier persona con experiencias religiosas similares. El final contenido en el corto espacio vital en el que se desarrolla la película es totalmente previsible desde el principio. Más allá estaría el resto de una vida.

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