La iglesia y el via crucis de las víctimas
Iglesia Nuestra Señora del Rosario de Bullas, en el cartel de Ferrero Rocher / L.O.
En España no se ignoraba del todo lo que ocurría con algunos curas. Se sabía lo suficiente para no mirar de frente. Se los cambiaba de campanario como quien desplaza una mancha en la pared para no verla al entrar. La sotana no borraba la sospecha; la envolvía en un respeto de baja calidad y en un relato mal cosido, hecho de silencios, titubeos y esa vieja pericia de las instituciones que prefieren desviar la mirada antes que dejar que la verdad se siente a la mesa con su nombre entero.
Aquello no fue solo cobardía. Fue una costumbre arraigada, persistente y tolerada. No era trabajar en perfeccionar el mutismo institucional. Era una carpintería del silencio, una forma paciente de dejar la verdad siempre un poco apartada. Se sabía lo suficiente para callar y nunca bastante para actuar. Así se fue........
