La fagocitosis de los innovadores
Estudiantes en el patio de un colegio de Málaga. / Álex Zea
He visto esta dinámica destructiva de la fagocitosis en las escuelas de todos los países que conozco. Es probable que también se desarrolle en la micropolítica de las empresas. Se trata de un perverso mecanismo que acaba destruyendo a aquellos profesores o profesoras que quieren mejorar lo que se hace en la institución en la que trabajan. Es decir, de quienes son innovadores. No hace mucho publiqué un artículo de título lapidario: ‘Innovar o morir’. La rutina es el cáncer de las instituciones.
El funcionamiento de la fagocitosis del innovador (o la innovadora, y esta cuestión del sexo no es una cuestión menor en este asunto) es el siguiente. Un profesor tipo A (inquieto, comprometido, esforzado) le propone a un profesor tipo B (acomodado, perezoso, desganado) hacer un proyecto de investigación en la acción sobre la participación de los alumnos y de las alumnas en la evaluación, o sobre la solución de conflictos a través de la mediación entre iguales, o sobre las autolesiones de los adolescentes, o sobre la autoestima de los estudiantes…). El profesor tipo B, que tiene como lema que pudiendo no hacer nada, por qué es necesario hacer algo, se siente interpelado y, de alguna manera, puesto en evidencia. No puede argumentar con lógica que lo que él propone (no hacer nada) es mejor que lo que propone su colega (hacer algo positivo). Ya sé que esta etiquetación tan esquemática (tipo A y tipo B) es más que discutible, pero me permite explicarme.
Como no puede destruir la causa del profesor A, el B pone todo su empeño en destruir al profesor A. Lo quiere fagocitar, desacreditar, ridiculizar. Hay cuchillos que utilizan los B para herir y matar a los A. He descrito en otro lugar veinticinco cuchillos de diferente corte. Me referiré aquí solamente a siete.
Primer cuchillo: «no hagas caso al A porque tiene problemas afectivos. No es que sea un buen profesional, es que no tiene hijos y todo el afecto que debería dedicarles lo pretende volcar en sus alumnos y alumnas. No es que quiera estar mucho tiempo en la escuela, lo que le pasa es que no quiere ir casa porque se está separando». Piensa el........
