¡Feliz Navidad!
Hola, amigos y amigas. Ya ven que el título del artículo no es muy original en un día como el de hoy, con lo que entiendo que piensen que, en estas líneas, me voy a centrar en expresar las habituales expresiones propias de estos días, sin mucho más. Nada más lejos de mi intención, queridos y queridas. Porque, en realidad, pretendo que este sea un artículo un tanto disruptivo y que fuerce a pensar. ¡Y claro que les felicito la Navidad, sinceramente!, pero me dispongo a escarbar un poco en la superficie un tanto edulcorada del asunto e ir al grano de la cuestión.
Pero no piensen que, con ello, voy a meterme en cuestiones de índole religioso relativas a cualquier culto. No, en absoluto. Quiero únicamente profundizar en los valores humanos ligados a estas fechas, que es verdad que tienen su origen en el mensaje de amor cristiano a partir del nacimiento del Niño Dios, pero que han trascendido mucho tiempo tal realidad. Así yo, desde una ética que creo que a todos y a todas debe incumbirnos, lo que propugnaré aquí es hacer esa lectura ecuménica y universal de lo que podría significar la Navidad, de lo que significa para mí y aquello en lo que la estamos convirtiendo.
Déjenme que reniegue de todos los mensajes que asocian Navidad con compras o felicidad con regalos, para empezar. Y no es que yo no compre o que esto sea algo malo en sí. Pero lo que no puede ser es que determinadas partes interesadas........
