No a la guerra
Poco antes de morir, ya muy deteriorado físicamente por el párkinson, el papa Juan Pablo II lanzó desde la ventana de su habitación un llamamiento urgente por la paz: «No a la guerra», exclamó. Esta apelación apremiante a la amistad entre los hombres y las naciones constituye una parte esencial del código moral del cristianismo. San Agustín, un Padre de la Iglesia del siglo IV, ya había señalado que para conocer a alguien hay que empezar por la amistad. Empezar, pues, por la paz y no por la guerra, por el bien y no por el mal, por la justicia y no por la injusticia. Sin duda, el catolicismo ha elaborado a lo largo de los siglos un discurso moral mucho más sofisticado, que incluye entre otros el concepto de guerra justa. Pero hablo de un paso previo: la violencia, incluso la legítima,........
