Un barrio con 80 años de historia, partido en dos por la autopista y que cotiza al alza con el HUCA
Oviedo, a pie de calle
Un barrio con 80 años de historia, partido en dos por la autopista y que cotiza al alza con el HUCA
Guillén Lafuerza y La Monxina suman 2.062 vecinos en un noreste del Oviedo urbano de origen obrero, que se revaloriza en los últimos años
Paisajes de grúas de edificios de nueva construcción sobre el núcleo original de Guillén Lafuerza. / Irma Collín
Arrancó el siglo XX como Ventanielles Alto, pero Guillén Lafuerza y La Monxina ganaron la partida de la toponimia como asentamientos de familias trabajadoras, el primero en la década de los años cuarenta y el segundo ya en los ochenta, en la periferia noreste de Oviedo. La cercanía del HUCA, primero, y la rehabilitación y obras de mejora a punto de rematar, ahora, en ciento veinte viviendas de la colonia original revalorizan un barrio que la construcción de la autopista «Y» partió en dos hace cincuenta años. Entre La Monxina y Guillén Lafuerza suman hoy dos mil vecinos, con una pirámide demográfica no muy distinta a otros de la ciudad, por ejemplo Otero, donde los jubilados, de más de 65 años, doblan en número a los menores de 19.
La ladera nordeste de la loma de Ventanielles aparece en documentos de los siglos XIII y XIV con la denominación Monxuán, un nombre que, según sugiere José Tolivar Faes en «Nombres y cosas de las calles de Oviedo», debió ser objeto de «corrupción moderna» para derivar en La Monxina, como eran conocidas las extensas praderas de esa zona que descendían de las tierras de Matalablima a La Corredoria. Un paisaje netamente rural, cuya referencia más próxima en el primer tercio del siglo XX fue el Psiquiátrico de la Cadellada, y que empezó a cambiar en la posguerra como asentamiento residencial de emergencia en la posguerra. Cuenta el doctor en Geografía y profesor de la Universidad de Oviedo, Sergio Tomé, que la Obra Sindical del Hogar aprovechó la reserva de suelo industrial en Ventanielles alto para levantar una colonia formada por «doscientas viviendas individuales con huerto, distribuidas en orden de una plaza cívica», a cambio de «módicas rentas». En concreto por alquileres de veinte pesetas al mes, según relato de aquellos primeros inquilinos que con el paso del tiempo acabaron siendo dueños de aquellas modestas casas.
Un mes después de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin a la Segunda Guerra Mundial, la ovetense Carmen Polo, esposa de Francisco Franco, inauguraba la colonia de Guillén Lafuerza, nombre del gobernador civil de Oviedo durante la posguerra, desde 1941 a 1945, cuando se hicieron esas viviendas «ultrabaratas». Nacía El Rancho.
¿Cuál es el origen de tan peculiar nombre, que no forma parte de la toponimia oficial de Oviedo pero está instalado en la memoria de sus vecinos? Hay dos teorías. La más sólida, contada por algunos de los primeros pobladores de la aquellas casas de posguerra, también promovidas en otros puntos del país como Usera y Manzanares (Madrid), La Albericia (Santander), barrio La Vega (Salamanca) o La Fuensanta (Murcia), es que se entregaron aquel 10 de septiembre de 1945 «amuebladas y con suministro de comida para un mes». Una práctica similar a la de las cien casas de Fozaneldi, de la misma época. La otra teoría bebe de un argumento similar en el fondo, la humildad del vecindario, pero muy distinto en la fórmula:los vecinos de aquella barriada de posguerra aprovechan las sobras de los militares del cuartel cercano para su alimentación, de ahí lo del «rancho». El Ejército había comprado esos terrenos en los años veinte a la familia Rubín, de ahí el nombre con el que se conoció ese cuartel, para el Regimiento de Zapadores, donde luego estarían el centro de sanidad y otras oficinas militares. Son muchos los asturianos que pasaron allí el reconocimiento médico para no tener que cumplir el servicio militar obligatorio y también fue el escenario de los sorteos para generaciones de quintos de toda Asturias. Más o menos en los terrenos donde ahora están los cuarteles de la Guardia Civil y de la Policía Local de Oviedo. Los primeros insumisos de Asturias incluso llevaron a cabo una conquista «simbólica» de tan militar acuartelamiento, cuando ya había sido desalojado en los años noventa.
Parque de La Monxina, en las inmediaciones del campo de fútbol de Matalablima / Irma Collín
Pero aquella zona del noreste ovetense se pobló mucho antes. Mediada la década de los cincuenta el Rancho pegó un salto demográfico con las viviendas del Patronato Francisco Franco en la ladera meridional de la loma de Ventanielles. Veinte portales en edificios de tres alturas construidos en «andecha». Es decir, a los futuros vecinos les dieron el solar y los materiales a cambio de que ellos pusieran la mano de obra, literalmente hablando. Casi todos los cabeza de familia de aquellos bloques eran albañiles, electricistas, peones o de todo un poco. Los primeros edificios del patronato se levantaron en 18 meses, otros tardaron tres años y se amortizaron en pagos de 120 pesetas al mes, durante veinte años, según recogía un reportaje de LANUEVAESPAÑA de 1989. Luego se harían los bloques de color gris, también en esa parte de Guillén Lafuerza. Muchas de estas calles fueron «bautizadas» con nombres de la flora en la navidad de 1975 de manera provisional, pero aquella denominación se mantiene en el callejero actual en Los Rosales, Las Begonias, Los Geranios, Los Jacintos o Los Tulipanes. Otras calles llevan el nombre de sindicalistas históricos, como es el caso de Manuel Llaneza, el fundador del sindicato minero asturiano, que da nombre a la arteria principal de Guillén Lafuerza que conecta con La Monxina.
Expropiación y desalojo
La chiquillería empezó a jugar a decenas y cientos por aquellos praos del este de Oviedo, un paisaje que mutó drásticamente con la construcción de la autopista «Y». Había que hacer hueco a la penetración de aquella nueva infraestructura y en aquellos años, los últimos del franquismo, no había miramientos a la hora de meter palas excavadoras. Así que aquellas primeras doscientas casas del Rancho menguaron a la mitad de un plumazo, vía expropiación forzosa. «A unos vecinos los mandaron a Vetusta y a otros a San Lázaro», recuerda Luis Daniel Suárez, que se crió en la zona y fiel de la tertulia futbolera que se reúne a diario en el bar Guillén, santo, seña y memoria del barrio original. De paso, el Rancho quedaba partido en dos, a uno y otro margen de la autopista.
Oviedo seguía creciendo en los años ochenta, hacían falta más pisos asequibles para la gente trabajadora y se hicieron, pero con un nuevo sello de la recién llegada democracia: las placas de viviendas de protección oficial (VPO) que todavía conservan muchos de los edificios de La Monxina, en la ladera norte de lo que fue Ventanielles Alto y en el límite conMatalablima, que durante años fue lugar de asentamiento gitano.
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Al fondo el HUCA, en primer plano casas de Guillén Lafuerza-La Monxina. / Irma Collín
Entre Guillén Lafuerza y La Monxina viven en la actualidad 2.062 vecinos, repartidos entre los edificios de viviendas, los más antiguos a punto de culminar una profunda rehabilitación y mejora que va más allá de lo puramente estético, gracias a una inversión de más de tres millones de euros, en la que la unión Europea aporta el 80 por ciento y el Ayuntamiento el resto. Una zona revalorizada también por su cercanía al HUCA y que ha visto menguar la presión de lo que fue la autopista con el nuevo parque lineal y el nuevo puente a uno y otro margen del Rancho. La pirámide demográfica es similar a la de otros barrios de Oviedo, donde las personas jubiladas, 561, son prácticamente el doble que las menores de 19 años, 284. Una tendencia que podría variar cuando lleguen nuevos vecinos a los edificios en construcción en un barrio donde la comunidad extranjera tiene un peso del once por ciento, con 223 vecinos:la más numerosa es la colombiana (46 nacionales) por delante de la venezolana (29), la rusa (20) y la rumana (19), según las estadísticas del Ayuntamiento de Oviedo.
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