La madrugada en que murió el derecho internacional público
Decir que la invasión a Venezuela fue una acción legítima o un acto de legítima defensa es caer, una vez más, en la trampa narrativa que pretende hacernos creer que a Estados Unidos le importa la democracia venezolana o la suerte de sus ciudadanos. No. Por la forma como se dieron los hechos —la captura de Nicolás Maduro en Caracas, en la madrugada del sábado 3 de enero de 2026— lo que se impone no es una lectura jurídica, sino política y económica: esto huele menos a justicia y más a rendición forzada, y sobre todo, a traición.
Afirmar que Venezuela se había convertido en una amenaza real para la seguridad nacional de Estados Unidos sigue siendo un desatino. Que el régimen chavista haya servido como eje geoestratégico para China, Rusia o Irán es cierto, pero reducir la operación a una respuesta ideológica o política es ingenuo. El componente decisivo aquí no fue la democracia ni los derechos humanos: fue el petróleo, fue la energía, fue el control directo de una riqueza estratégica que Washington nunca ha dejado de ambicionar.
La captura de Maduro no ocurrió por sus muertos a........
