menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

La herida abierta

13 0
08.04.2026

En agosto de 1978, siendo estudiantes, acompañamos la huelga de hambre de las doñas del Comité de Familiares de Presos, Desaparecidos y Perseguidos Políticos. Estaban Claudia, Mireya, Edur, Baltasar, Ernesto, Carlos, Julio, Gerardo y muchos más. Éramos alumnos de la UNAM y nos acercamos a Rosario Ibarra, especialmente, a Delia Duarte, madre de Rafael Ramírez Duarte, compañero de Economía, desaparecido un año antes. En medio de la guerra sucia entendíamos bien la dimensión política de lo que ocurría. 

Además, intuíamos algo esencial: frente a la desaparición de un hijo no hay trámite que alcance ni tiempo que justifique la espera. Había, en la presencia de esas mujeres, una lección política y moral que no cabía en los expedientes: la urgencia no se administra; se escucha. Han pasado décadas. Y, sin embargo, el dolor que recorre el país se ha magnificado. La guerra contra el narco abrió una nueva oleada, masiva, de desapariciones. 

Hoy, doña María Herrera –con cuatro hijos desaparecidos– encarna la persistencia de aquella lucha. No como evocación melancólica de un pasado que se resiste a irse, sino como expresión de un presente que aún no se resuelve. Como aquellas mujeres de finales de los 70, María Herrera y tantas otras han sostenido la búsqueda desde la dignidad: con paciencia que no es resignación, con constancia que no es costumbre, con una fuerza que nace de la ausencia y se organiza en comunidad. 

En estos años, los colectivos de familiares han construido rutas de búsqueda, metodologías, redes de apoyo y lenguajes públicos. Han tenido que hacerlo, en buena medida, porque el Estado –en sus distintos........

© La Jornada