Michael Hudson: ¿Por cuánto tiempo se podrá aplazar un invierno financiero mundial?
El 7 de abril de 2026, Trump anunció que «toda una civilización morirá esta noche» y amenazó con destruir «todos los puentes de Irán» y «todas las centrales eléctricas... incendiándolas, explotándolas y dejándolas inservibles». Su intención de seguir cometiendo crímenes de guerra está llevando al mundo hacia un invierno financiero tan devastador como la Gran Depresión. La respuesta de Irán, el 8 de abril, puso en evidencia su amenaza, estableciendo las condiciones para poner fin al conflicto y abrir el estrecho de Ormuz. Los países importadores de petróleo deberán obligar a EEUU e Israel a cumplir con estas condiciones para evitar una crisis económica.
Estamos presenciando la versión económica de lo que en la década de 1960 se denominó Destrucción Mutua Asegurada (MAD). [1] El término se refería al enfrentamiento militar que evitó el invierno nuclear global que se habría producido si las principales potencias mundiales hubieran utilizado armas atómicas entre sí. La posesión de bombas atómicas tanto por parte de EEUU como de la Unión Soviética garantizó que no se atacarían mutuamente mientras la carrera armamentística mantuviera la paridad nuclear.
El equilibrio de poder resultante hizo que la Guerra Fría entre EEUU y la Unión Soviética fuera relativamente pacífica en lo que respecta a los enfrentamientos entre los adversarios más fuertemente armados del mundo. Su moderación mutua permitió a EEUU librar sus guerras en el sudeste asiático, África y América Latina sin amenazar con una conflagración mundial.
El mundo actual se enfrenta a la amenaza de un colapso económico global. Irán se defiende de un posible ataque militar estadounidense e israelí amenazando con destruir el comercio de petróleo y gas de la OPEP si su supervivencia como país soberano se ve comprometida. Esta amenaza plantea al mundo una disyuntiva crucial: o bien los países sufrirán una profunda depresión si Trump cumple su amenaza de intentar destruir Irán y apoderarse de su petróleo --en cuyo caso la represalia iraní destruirá el comercio energético de la OPEP, del que dependen muchos países--, o bien deberán actuar con decisión para impedir el ataque estadounidense.
En la década de 1960 se entendía que un ataque atómico por parte de cualquiera de las grandes potencias sería prácticamente insuperable. Sin embargo, la versión económica actual de la Destrucción Mutua Asegurada (MAD, por sus siglas en inglés) no impone tales restricciones a los titubeantes intentos de EEUU por revertir la pérdida de su poder económico, que lo ha dejado con escasas herramientas para ejercer control sobre otros países. Su principal baza reside en su capacidad para amenazar a los países con el caos económico y financiero, cerrando el mercado estadounidense a sus exportaciones y bloqueando su acceso al petróleo y al gas de Rusia, Irán y (hasta hace poco) Venezuela, en su afán por imponer la dependencia de sus propios suministros energéticos y del petróleo árabe de la OPEP bajo su control.
Esta amenaza de perturbación comercial ha funcionado mejor contra los aliados más cercanos de EEUU. Los aranceles del «Día de la Liberación» de Trump, que entraron en vigor el 2 de abril de 2025, impusieron gravámenes exorbitantes que Trump ofreció suavizar con la condición de que otros países firmaran acuerdos de «concesión» que consistían en aceptar imponer sanciones comerciales y financieras a los enemigos designados de EEUU, encabezados por Rusia e Irán, y redirigir sus compras de petróleo a EEUU.
Esta no es la primera vez que los estrategas estadounidenses han quebrantado las reglas de las relaciones internacionales que EEUU mismo estableció en 1945 para dar forma al orden económico posterior a la II Guerra Mundial. Al controlar el 75% del oro monetario mundial, impuso reglas de finanzas internacionales orientadas a los acreedores así como reglas de libre comercio como medio para desmantelar las restricciones comerciales de preferencia imperial impuestas por Gran Bretaña.
Estas reglas impidieron que otros países adoptaran políticas proteccionistas para proteger su agricultura e industria, como lo hacía EEUU. Además, EEUU creó una presencia militar global, prometiendo proteger al mundo del espectro de un ataque militar soviético e impedir que los países implementaran fuertes controles gubernamentales o políticas socialistas que representaran una alternativa al sistema de finanzas, comercio e inversiones privadas internacionales respaldado por EEUU.
Pero ahora que EEUU se ha desindustrializado y está endeudado, ha abandonado e incluso revertido las reglas que le sirvieron hace ochenta años. Lo que los funcionarios estadounidenses denominan estrategia de seguridad nacional es, en realidad, cómo recuperar y mantener el control estadounidense sobre otros países, instrumentalizando el sistema financiero centrado en el dólar y su comercio exterior. Y en lugar de proteger a otros países y su soberanía económica, su intento de imponer su dominio de forma disruptiva y militar se ha convertido en una amenaza para la seguridad mundial.
Y, a diferencia del equilibrio de poder que había establecido la Destrucción Mutua Asegurada, la mayoría de los demás países no han ejercido ningún control simétrico sobre la intimidación estadounidense, aislándose de la instrumentalización que EEUU hace de sus relaciones comerciales y financieras.
En la crisis actual, la principal defensa de Irán ante el ataque estadounidense ha sido bloquear el petróleo y el gas de la OPEP a través del estrecho de Ormuz, e incluso amenazar con destruir directamente la producción de la OPEP. Estas acciones han expuesto a los países importadores de petróleo del mundo a una crisis económica si no actúan para contrarrestar la amenaza estadounidense a la soberanía de Irán, que, de hecho, amenaza su propia soberanía económica y financiera.
Los intentos de EEUU por preservar su capacidad de convertir en arma el comercio mundial de petróleo
Antes de los aranceles de Trump, los estrategas estadounidenses ya habían utilizado la amenaza de provocar un caos económico instrumentalizando su control del comercio internacional de petróleo. La imposición de sanciones comerciales contra productores de petróleo iraníes, rusos y venezolanos permitió a EEUU privar a los países que no aceptaban su diplomacia del acceso al petróleo y al gas necesarios para alimentar sus fábricas, calentar e iluminar sus hogares y oficinas, impulsar su transporte y producir fertilizantes para aumentar su productividad agrícola. El petróleo se convirtió en el principal obstáculo comercial del mundo.
Un primer paso para instaurar este control fue el derrocamiento del primer ministro iraní Mohammed Mossadegh en 1953 por parte de la CIA estadounidense y el MI6 británico, con el fin de impedir que Irán recuperara el control de su petróleo. Mossadegh fue reemplazado por una brutal dictadura militar bajo el Shah, quien protegió el control estadounidense sobre Irán y su petróleo. Tras la exitosa lucha popular y del liderazgo religioso chií para derrocar al Shah (siendo las mezquitas uno de los pocos lugares donde no se podían impedir las reuniones públicas), EEUU impuso severas sanciones comerciales y financieras contra Irán en 1979.
Se impusieron sanciones similares para aislar y perjudicar a Venezuela después de que sus líderes electos intentaran controlar el petróleo del país. En febrero de 2022, EEUU impuso sanciones comerciales a las exportaciones rusas de petróleo y gas a Europa Occidental y, en septiembre de 2022, destruyó la mayor parte del gasoducto Nord Stream. Estos ataques permitieron a EEUU obligar a muchos de los antiguos clientes de Rusia y Venezuela a depender de las exportaciones estadounidenses de petróleo y gas natural a precios mucho más elevados, perjudicando gravemente a las empresas industriales y químicas alemanas y de otros países europeos.
Con el petróleo ruso aislado por las sanciones y EEUU asegurando un rápido operativo militar sobre Venezuela al secuestrar a su presidente Nicolás Maduro y a su esposa el 3 de enero de 2026, la única fuente importante de petróleo que quedó bajo control directo de EEUU fue Oriente Medio (ahora y en adelante mejor denominado Asia Occidental). Los países árabes de la OPEP representan alrededor del 20% de la producción mundial de petróleo, el 30% de su comercio de petróleo y el 40% de su comercio de gas natural, además de un tercio de su fertilizante y la mitad del comercio marítimo de azufre (necesario para producir ácido sulfúrico para la extracción de minerales).
En 2003, el general Wesley Clark expuso los planes de EEUU para instaurar oligarquías afines en todo Oriente Medio mediante la conquista de siete países en cinco años, comenzando con Irak, Siria y Libia, productores de petróleo, y culminando con Irán. La intención era controlar su petróleo y ponerlo en manos de empresas........
