El nuevo desorden mundial
Su resultado ha sido la profundización de la desigualdad, el ataque a las soberanías y el avance --en Occidente-- de las ultraderechas neofascistas. No estamos asistiendo sólo a una crisis económica o geopolítica, sino al deterioro de una forma histórica, que sobrevivió apenas cinco décadas y que creyó instituirse como "fin de la historia".
La erosión del orden neoliberal, la emergencia de la multipolaridad y el ascenso de las ultraderechas, en el Occidente colonizador, aparecen desafiados por los BRICS y el Sur Global, que exhiben formas novedosas y multipolares de legitimidad civilizatoria.
El orden neoliberal, que prometió progreso, estabilidad y libertad, solo sembró desigualdad, violencia y desposesión. Hoy, mientras ese Occidente apuesta a las lógicas neoimperiales para superar su deterioro, China y Rusia y los BRICS resisten al atropello, liderando la lucha por la sobrevivencia de las soberanías estatales.
El orden neoliberal, que prometió progreso, estabilidad y libertad, solo sembró desigualdad, violencia y desposesión. Hoy, mientras ese Occidente apuesta a las lógicas neoimperiales para superar su deterioro, China y Rusia y los BRICS resisten al atropello, liderando la lucha por la sobrevivencia de las soberanías estatales.
La globalización de fines del siglo XX no fue simplemente un proceso de expansión económica ni una deriva inevitable de la modernización tecnológica. Fue, ante todo, una forma histórica de organización del poder mundial: un proyecto de integración desigual bajo la hegemonía del capital transnacional, legitimado por el neoliberalismo y sostenido por la supremacía estadounidense consolidada tras el fin de la Guerra Fría.
Lejos de constituir un movimiento neutro o espontáneo, instauró un orden internacional orientado a garantizar la expansión del capital, la liberalización de los mercados y la subordinación de la política a los imperativos de la acumulación.
En este sentido, la globalización neoliberal debe ser entendida como una arquitectura de dominación que combinó coerción económica, legitimación cultural e institucionalización jurídica a través de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
En este sentido, la globalización neoliberal debe ser entendida como una arquitectura de dominación que combinó coerción económica, legitimación cultural e institucionalización jurídica a través de organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.
El denominado "pensamiento único" no sólo operó como horizonte ideológico, sino también como mecanismo de despolitización de los conflictos sociales y de naturalización de las asimetrías globales.
La expansión del capital financiero transnacional exigió, para su realización, la subordinación creciente de los Estados a las necesidades de la acumulación.
La desregulación, la liberalización de los flujos financieros y la disciplina fiscal aplicada de manera regresiva configuraron un escenario en el cual la soberanía estatal quedó progresivamente erosionada.
Sin embargo, al debilitar la capacidad del Estado para mediar en los conflictos sociales y garantizar mecanismos de integración, el neoliberalismo terminó por socavar las bases de su propia legitimidad. Esta contradicción expresa, en términos estructurales, la tensión entre mercado globalizado y democracia territorial.
Desde la década de 1970, y en un contexto de caída de la rentabilidad en la producción manufacturera, el capital se desplazó masivamente hacia la esfera financiera. La financiarización no resolvió la crisis de acumulación, sino que la postergó mediante la formación de burbujas sucesivas y crecientemente inestables.
Las crisis de 1997, 2001, 2008 y 2020 evidenciaron el carácter sistémico de este patrón. Particularmente, la crisis financiera global de 2008 mostró que el llamado "mercado autorregulado" dependía, en última instancia, de la intervención estatal para socializar pérdidas y restablecer condiciones mínimas de reproducción del sistema.
Las promesas distributivas asociadas a la globalización neoliberal se revelaron, en gran medida, ilusorias. Los datos sobre desigualdad global muestran que la expansión del ingreso y de la riqueza benefició de manera desproporcionada a los estratos superiores, mientras amplios sectores populares experimentaron estancamiento, precarización y pérdida de expectativas.
En particular, las desigualdades contemporáneas se aproximan a niveles comparables con los observados a comienzos del........
