2 de mayo
Cada 2 de mayo regreso al vientre materno. No es metáfora blanda ni capricho de calendario: es una contracción exacta, un tirón de sangre que me arrastra hacia un origen donde aún no existía el miedo, pero ya se incubaba mi furia. Vivo perdida entre fechas que no se recuerdan: se padecen. Y esta, que en otros convoca banderas, desfiles o discursos de ocasión, en mí se vuelve placenta, latido primitivo, refugio y batalla. Nací ayer, o sea, hoy.
Vuelvo ahí —al vientre— como quien se esconde de una ciudad en llamas. Porque el 2 de mayo es un episodio que los libros domestican con tinta escolar; es una escena que sigue respirando debajo de la piel de quienes no aceptan la docilidad del olvido, del borrado. Poseo desde niña mis días moldeados bajo trincheras. Este lo es. Y en esa trinchera, uno no crece: se repliega, se reduce a pulso, a temblor, a una mínima certeza de estar vivo mientras afuera cruje........
