El discurso del «hodio»
El odio es una pasión estúpida. Es la ilusión de los condenados que, tras la muerte, no sólo no verán a Dios, sino que ahondarán en su ira contra la luz. Lo justo es decir que el odio es la emoción propia de los que no creen, los que reniegan de la fe, la esperanza y la caridad. El amor no sólo sobrevive a la muerte, sino que no pertenece del todo a esta vida. El amor no es de este mundo. Aquí tan sólo lo percibimos como un reflejo maravilloso, como la pálida luz indirecta que corona a la luna cada noche. El odio es denso y centrípeto. El amor es liviano y centrífugo. El amor, nos dijo el gran papa polaco, el amor vence siempre.
Odian los desesperados, que viven presos del rencor, que juegan sus cartas con la ansiedad de quien sabe que todo cuanto puede obtener en su triste existencia se mueve en las coordenadas de este espacio y este tiempo. Odian los fanáticos del profeta de la muerte, a los que no les salen las cuentas del más allá sin sembrar de sangre y miedo el más acá. Odian los que no creen en la libertad del hombre o en la irrenunciable dignidad de la vida humana, que........
