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Crucemos los dedos

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02.05.2026

Son muchos los que atribuyen la decadencia de la civilización musulmana, tan gloriosa en su día, al ‘cierre de las puertas de la ijtihad’, cuando se dio carpetazo a la interpretación del Corán y se impuso una mentalidad fatalista. Si todo depende en exclusiva de la voluntad de Alá, si todo lo que existe y sucede es causado directamente por Alá, no tiene mucho sentido esforzarse, innovar, emprender, descubrir.

Lo sorprendente es que nuestra civilización occidental moderna, basada en el principio contrario, el del progreso, está cayendo de lleno en un pozo similar de fatalismo oriental, al menos en la esfera política. ¿Se han dado cuenta? La respuesta a las reivindicaciones de muchos es a veces ideológica, pero más a menudo es meramente determinista: no se puede, es imposible.

Hay como una forma de parálisis de la voluntad que afecta a todas las medidas que podrían sacarnos del abismo en que estamos cayendo. No sólo es inmoral desear una patria razonablemente homogénea y cohesionada; es, además, inalcanzable. No se trata sólo de que nos llamen malvados desde la Conferencia Episcopal por........

© La Gaceta