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La Europa que exporta sus fronteras

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03.09.2026

Hay una palabra que se repite cada vez más en el vocabulario europeo: externalización. Suena técnica, pero detrás de ella se esconde una de las transformaciones más profundas de la política migratoria de la Unión Europea: impedir que las personas lleguen a Europa antes de que puedan ejercer plenamente los derechos que Europa dice (cada vez menos) reconocerles.

La frontera europea ya no termina en el Mediterráneo. Se ha desplazado hacia el sur, hacia el desierto, hacia los puertos y las carreteras de países terceros. Europa paga, financia, entrena y negocia para que otros hagan el trabajo incómodo de contener a quienes intentan alcanzar su territorio. Y cuanto más lejos se produce la interceptación, más lejos queda también la responsabilidad política de los países miembros de la UE

La frontera como servicio externalizado

Desde la crisis de 2015, la Unión Europea ha convertido progresivamente la cooperación con terceros países en una pieza esencial de su política migratoria. El acuerdo con Turquía de 2016 marcó un punto de inflexión: Europa empezó a asumir con mayor naturalidad que la manera de gestionar la llegada de refugiados podía consistir en pagar a otro país para que los detuviera antes de alcanzar suelo europeo.

Después llegaron otros acuerdos y memorandos con países del norte de África. Libia, Túnez, Marruecos, Mauritania o Egipto aparecen, con diferentes grados de protagonismo, dentro de una arquitectura en la que migración, seguridad, energía, comercio e inversiones terminan mezclándose. Es decir, la contención migratoria se convierte en una moneda de cambio que depende de gobiernos cuya actuación no siempre está sometida a las mismas garantías de defensa de los derechos civiles y humanos que la Unión Europea proclama para sí misma.

Dicho de otra forma: mientras Europa proclama que los derechos humanos son uno de los pilares de su proyecto político, externaliza precisamente aquellas prácticas que pueden entrar en conflicto con esos derechos. Si una persona es maltratada en territorio europeo, existen tribunales, procedimientos y mecanismos de control. Si es interceptada antes de llegar, trasladada a otro país y sometida allí a abusos, la cadena de responsabilidades se vuelve mucho más difícil de seguir. No se trata de una casualidad administrativa, sino de una consecuencia política.

La frontera no empieza en el Mediterráneo

Pero hay una pregunta anterior que rara vez ocupa el centro del debate: ¿por qué tantas personas necesitan abandonar sus países para intentar llegar a Europa?

Las guerras, las persecuciones políticas, las desigualdades, la falta de oportunidades, el cambio climático, la inseguridad y las crisis económicas están detrás de todo ello.

Y Europa no se encuentra al margen de las condiciones económicas y políticas de muchos de los países desde los que parten los migrantes. Durante siglos, las potencias europeas construyeron su riqueza mediante sistemas coloniales basados en la apropiación de territorios, materias primas y trabajo. El colonialismo terminó formalmente tras la II Guerra Mundial en buena parte del mundo, pero algunas de las relaciones económicas que dejó atrás no desaparecieron........

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