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¿Ha fracasado el socialismo?

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31.03.2026

Hay abundantes voces que provienen de los partidarios del sistema capitalista que proclaman que el socialismo es una idea absurda y, por supuesto, del pasado. Que la única posibilidad histórica es el sistema capitalista existente, en el mejor de los casos hay que mejorarlo. No son pocos, que se definen como de izquierdas, los que aceptan y fundamentan esta tesis: la acción política está dentro del capitalismo, no hay otra cosa, es un “fenómeno natural…”

Se presentan en nombre de “modernidad” teorías cuyo sostén conceptual puede encontrarse en las creencias de principios del siglo XX. Para presentarse como una renovación regresan al pasado, algo que la historia ya finiquitó. Los hay que, para que la acción resulte más fecunda, tratan de hacer una puesta al día de teorías y doctrinas viejas y readaptadas. Lo cierto es que el debate y la reflexión sobre la experiencia vivida en el campo social, especialmente en lo referido al socialismo y a su propuesta de  nueva civilización superando el aplastante dominio del capitalismo no empieza de cero, pero debe reflexionar sobre los errores y virtudes que lo llevaron a crear el estado del bienestar, ahora capitalizado por las privatizaciones.

Junto a dogmas que tuvieron más de religión que de ciencia política, ante leyes que la historia cacheteó con la impronta de protesta [ley mordaza, desahucios etc], existen aportes y experiencias que arrojan zonas de luz. Hay una rica cantera de ideas, experiencias, propuestas, dentro de la cultura socialista que nos sigue indicando cómo derrocar estructuras de dominio, opresión, explotación, discriminación y formas de ruptura de la liberalización, organización en libertad con auténtica participación ciudadana.

El aporte del socialismo actual acerca del volcado de las estructuras del sistema capitalista, su producción y los símbolos que aseguran su actual permanencia no ha sido un calco muy diferente.

Hay síntomas de confusión, de abandono de utopías, el debilitamiento ideológico y de regresiones desesperadas que ya no son solamente síntomas, sino una bajada de brazos, representado en una gran medida por los sindicatos.

Después de la caída de la social democracia se  ha favorecido la creación de un imaginario colectivo atado a la inmediatez y con menos esperanzas en un futuro realmente distinto. Lo curioso es que esto ocurre al mismo tiempo que el capitalismo, hoy en su versión neocapitalista conservadora y radical, organiza un despliegue, muestra su brutal fuerza, su capacidad asesina, su bestial inhumanidad, sembrando la pobreza y miseria en las grandes multitudes a la vez que hace más ricas y con toda clase de privilegios para unos pocos. Toda esta tecnología moderna que nuestros niños, adolescentes y jóvenes utilizan de forma entusiasta ha venido de la mano de este mezquino y cruel planteamiento. Del juguete del dron se ha pasado a la industria militar; del juego  de kárate a la formación de las élites militares.

Para los pueblos conscientes de su realidad, y a pesar de tanta claudicación, no ha terminado su historia. Porque los eternos reclamos de justicia y anhelos de una vida mejor surgen en este nuevo contexto. A mi entender, creo que debe ser el socialismo quien guie estas esperanzas siendo el faro de las luchas del presente por esa dignidad de todas las personas y de todos los pueblos. Porque el socialismo ha sido y debe seguir siendo la significación que guarde relación muy directa con hechos y acontecimientos de luchas populares por la justicia y condiciones de igualdad y de libertad. El socialismo ha sido una producción histórica vinculada al mundo de la pobreza y contiene las esperanzas de un mundo más justo y libre. Quienes plantean que el socialismo está “quemado” deberán buscar otro nombre que contenga las aspiraciones y proyectos tendientes a un mundo mejor. Pero hay que tener en cuenta que no se produce un complejo histórico de un día para otro, esta concepción general, un múltiple y rico universo como el socialista. El socialismo aún hoy es un complejo producto regado de infinitos combates y sueños. Con sus errores, el socialismo sigue siendo la herramienta de liberación para los pobres de este mundo, cada vez más empobrecido mientras la riqueza se acumula en unas pocas manos.

En la balanza del “haber” y del “debe” hay que reflexionar conjuntamente para inclinar esta balanza electoralmente para que el “haber” sea mucho más tenido en cuenta que el “debe”; y presionar desde las bases para que ese “debe” se corrija con todos los medio que dispone el estado para hacerlo. ¿Cómo? Solo conozco una fórmula: programa, programa y programa, pero con la fidelidad del cumplimiento debido a su realización.

Prudenci Vidal Marcos

Exprofesor de Filosofía


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