Respuesta al manifiesto «Hay que tomar partido» de CRT y «CR-IV»
Ha llegado a nuestras manos el manifiesto “Hay que tomar partido” lanzado por un comité conjunto entre CRT y la autodenominada CR-IV. El manifiesto se propone impulsar un proceso constituyente para la fundación de una nueva organización socialista revolucionaria en el Estado español, aunque en verdad hace tiempo que ambas fuerzas son ya una única organización: la CRT. En nombre de lo que es la integración efectiva de “CR-IV” a la CRT hablan de impulsar un “proceso constituyente”.
Corriente Roja y la LIT-CI nos consideramos un instrumento al servicio de la construcción del partido revolucionario y de la histórica tarea de la construcción de dirección revolucionaria internacional. Así, aspiramos a construirnos en el movimiento obrero para contribuir a la victoria de nuestra clase sobre el capitalismo y a acabar con toda opresión y explotación. Somos plenamente conscientes que tales objetivos exigen un debate honesto y leal con el resto de la izquierda revolucionaria para avanzar en común en estas tareas.
Pensamos, no obstante, que el manifiesto “Hay que tomar partido” está muy lejos de contribuir al debate honesto y leal, en primer lugar, porque las tesis que nos imputan en él son, ante todo, una construcción arbitraria que no se corresponde con la realidad. Por nuestra parte, nos vemos en la obligación de dar una respuesta. Entendemos que es necesario señalar algunas cuestiones básicas de método, programa y estrategia que interesan, por su importancia, a todos los y las interesadas en quienes nos proponemos construir una fuerza nítidamente socialista y revolucionaria. Entre estas cuestiones vamos a referirnos al problema de las nacionalidades oprimidas y las tareas democráticas, a la incapacidad de la CRT/CRP de reconocer la agresión imperialista de Rusia contra Ucrania[1] y también a la política del PTS argentino, el partido-madre de la CRP, que el manifiesto coloca como la gran referencia mundial de los/las revolucionarios/as.
I. Una incomprensión profunda de la lucha de las nacionalidades oprimidas por su liberación y del combate por las consignas democráticas
Como sabemos, la cuestión de las nacionalidades oprimidas ha estado en el centro de los problemas del régimen político español a lo largo de la historia moderna y lo sigue estando, con altos y bajos, en el régimen surgido de la Transición. El procés, como se dio en llamar al período de movilizaciones multitudinarias en defensa de la República catalana que se inició en 2013 y tuvo su culminación en el referéndum del 1 de octubre de 2017, es prueba de ello. No es extraño que aún esté pendiente de aplicarse la Ley de Amnistía.
Como referimos en anteriores elaboraciones,[2] la CRT y su corriente internacional (la Fracción Trotskista (FT), recientemente renombrada como CRP) padecen una profunda incomprensión sobre cómo abordar el problema de las nacionalidades oprimidas. Lejos de esforzarse por entender la dinámica viva de los procesos de lucha contra la opresión nacional, defiende un doctrinarismo que desprecia las consignas democráticas y que aplica a toda circunstancia y lugar. Como si las consignas democráticas no formaran parte del programa de transición para la revolución socialista. De tal forma, cuando llegan momentos decisivos como el procés catalán, quedan convertidos en una fuerza exterior, ajena a la movilización popular.
Llama también la atención que una organización como la CRT y su corriente internacional, que se presentan como faros del marxismo revolucionario y únicos trotskistas del mundo, que acostumbran a sentenciar los debates con citas, hayan “olvidado” esta vez toda referencia a las políticas adoptadas por Trotsky y la Oposición de Izquierda Internacional en los tumultuosos años 30 del siglo pasado en el Estado español. Un período en el que la lucha contra la monarquía y el problema nacional catalán ocuparon el primer plano de la lucha de clases hasta el estallido de la guerra civil.
Los problemas de la corriente internacional de la CRT no se limitan, por lo demás, a la cuestión nacional, sino que abarcan la lucha general por las consignas democráticas y la batalla de pueblos oprimidos, como Palestina y Ucrania, por su liberación nacional.
Antes de comenzar la polémica nos parece necesario denunciar, de nuevo, los métodos usados por la CRT que, en su manifiesto conjunto, ataca a Corriente Roja por defender la tesis de que Galicia es una colonia española. La verdad, sin embargo, es que jamás hemos defendido esta tesis y que la CRT y sus nuevos socios lo saben perfectamente. Es, literalmente, una mentira cuya necesidad se nos escapa.
II.1. La lucha por la República Catalana
Entrando ya en la polémica, CRT comienza, como es su costumbre, con la letanía de que Corriente Roja y la LIT defendemos una “política seudoetapista”[3] de “revolución democrática” que “desliga las demandas democráticas de la perspectiva del poder obrero”.
Prosiguen diciendo que, dado que “la república catalana solo será posible si es conquistada por medio de una gran lucha social encabezada por la clase trabajadora […] solo será posible como una república socialista […]”. En cambio -continúan – defender, como hizo Corriente Roja[4],“la consigna de República catalana (…) “acaba condenando a un partido revolucionario a sumarse al furgón de cola de la política nacionalista burguesa y pequeñoburguesa”.
En verdad, CRT ni siquiera reconoce que el procés fuese una movilización popular por la independencia catalana y, de manera pudorosa, solo hablan de “un movimiento democrático por el derecho a la autodeterminación”.
Un artículo de Guillermo Ferrari[5] de 14/10/13, escrito cuando el procés ya había comenzado y la CRT aún se llamaba “Clase contra Clase”, sintetiza a la perfección sus posiciones. En él rechaza, de entrada, la consigna de República Catalana porque “no define si es una república capitalista o socialista”. Asimismo, porque “decanta la relación entre Catalunya y el resto del Estado español desde una forma determinada”, cuando lo que hacía falta era una “Asamblea Constituyente Revolucionaria” -surgida de su imaginación- “donde todas las nacionalidades puedan discutir y resolver sobre la cuestión nacional y todos los problemas”.[6]
Frente a las acusaciones de CRT, vamos a reproducir aquí una parte fundamental de las tesis que defendió Corriente Roja[7]:
“1/El conflicto catalán se ha convertido en el elemento más avanzado de la crisis del régimen monárquico en descomposición. La gran movilización por su soberanía nacional ha hecho de Cataluña el principal bastión de la lucha contra el régimen y, por ello mismo, la avanzada del proceso de la revolución española. El curso del conflicto y sus resultados son decisivos para la clase obrera y los pueblos del Estado español.
2/El conflicto catalán muestra a las claras que no es posible ejercer el derecho democrático a la autodeterminación sin romper con la legalidad del régimen monárquico. La prohibición de la consulta ha mostrado que un referéndum de autodeterminación sólo es posible si Catalunya asume la plena soberanía nacional.
3/Esta realidad política obliga a plantear con toda claridad que la proclamación de la República catalana independiente es la condición y el instrumento para asegurar la autodeterminación.
4/La batalla por los derechos nacionales, por la soberanía, por la República catalana, ha de ser ante todo una reivindicación de la clase trabajadora, que debe convertirse en la campeona de esta lucha democrática. El movimiento obrero no puede permanecer ajeno a esta lucha ni limitarse a desempeñar el papel de acompañante a disposición de Mas o, llegado el caso, de Junqueras.
7/Luchamos por una República catalana “social y soberana”. Soberana no sólo de Madrid sino de Bruselas y Berlín, que asegure las necesidades básicas de la clase trabajadora y de la pequeña burguesía empobrecida ((prohibición de desahucios; revertir los recortes y privatizaciones; derechos laborales y políticos; derogación de la reforma laboral; prisión para corruptos y corruptores e incautación de lo robado; suspensión del pago de la Deuda y Auditoría; toma de control de los bancos catalanes -La Caixa y Sabadell- y de las empresas estratégicas; incautación de las empresas que amenacen con la deslocalización si se declara la independencia…) y que ponga en marcha un proceso constituyente para un cambio radical, que dé la palabra al pueblo trabajador organizado desde abajo. La lucha por medidas como éstas da a la consigna de República catalana un carácter transicional hacia la conquista del poder por la clase trabajadora. (…)
8/La lucha por la República catalana no es una lucha “independentista” sino el principal punto de apoyo para acabar con el régimen monárquico y la mejor base para batallar por una libre unión de pueblos libres o, como lo expresaban nuestros precursores en la lucha, la libre unión o confederación de repúblicas ibéricas. Para nosotros, esta unión libre es indesligable de la lucha por una Europa de los trabajadores y los pueblos. No hay “socialismo en un solo país” sino que tiene dimensión europea y mundial. La República catalana, la unión libre de repúblicas y la Europa de los trabajadores y de los pueblos es una combinación de consignas que forman un todo indisociable.”
En Corriente Roja........
