No me cojas aún, que está mi madre en el balcón
No me cojas aún, que está mi madre en el balcón
Hay conciertos que uno escucha y conciertos que uno habita. Durante años pensé que la diferencia era una cuestión de intensidad, de juventud o incluso de circunstancias. Ahora creo que no. Hay canciones que funcionan como una grieta en el tiempo. Uno entra siendo quien es hoy y sale acompañado por todas las personas que fue antes.
Eso me ocurrió viendo a El Último de la Fila.
Treinta años después, regresar a aquellas canciones fue regresar a un muchacho de dieciocho años que caminaba por la vida con más incertidumbre que certezas. Un chico que iba a conciertos con amigos que a veces fallaban a última hora y que atravesaba el Martínez Valero lleno de gente sintiéndose, sin embargo, completamente solo.
A esa edad uno cree que los adultos saben exactamente lo que hacen. Luego descubre que la mayoría improvisa con bastante dignidad y un cansancio razonablemente disimulado.
Yo también improvisaba entonces.........
