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Emocionante encuentro en Uruguay

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Emocionante encuentro en Uruguay

El Colegio Our School, con sus directoras Susana Betancor y Patricia Carrau a la cabeza, celebró los días 10 y 11 de abril en la ciudad uruguaya de San José de Mayo, capital del Departamento, su Segundo Congreso Internacional de Actualización docente. Las sesiones tuvieron lugar en el teatro Bartolomé Macció, que es el edificio arquitectónicamente más importante de la capital. En 1984, el Ministerio de Educación y Cultura lo declaró Monumento Histórico Nacional. Posee una capacidad para 700 espectadores distribuidos en un formato de herradura del típico teatro de ópera a la italiana.

El evento acogió a docentes del Departamento, no solo a los que trabajan en el Colegio que organizaba el Congreso. Solo Dios sabe las horas de trabajo, los desvelos, el esfuerzo de congregar a dieciséis disertantes y a cientos de docentes. Fue emocionante ver a esos esforzados profesionales aplaudir de pie mi conferencia de cierre en un foro tan hermoso.

Pero no me voy a detener en el desarrollo del Congreso. Voy a hacerme eco de la visita que hice al Colegio al día siguiente de que este finalizase. Desde que entré en ese Arca de Noé que es una escuela (hace años publiqué en la Universidad mexicana de Guadalajara un libro titulado “El Arca de Noé. La escuela salva del diluvio”) pude observar la vida poderosa que lo alienta. Todo habla en una escuela innovadora:

las paredes llenas de estímulos, los ricos materiales didácticos, los alumnos y alumnas que trabajan felizmente guiados por sus profesores, la cercanía emocional que se desborda… Pasé por algunas clases de niños y niñas pequeños, en alguna conté un cuento, en otra intercambié pequeños y sabrosos diálogos con esos maestros de la vida que son los niños, de alguna me llevé un folio (Welcome to our class) con la firma de todos los peques y de Luciana, su maestra… Pero quiero hacerme eco de la sesión de una hora que tuve con los jóvenes, sentados algunos en el suelo, expectantes, silenciosos, formales, cercanos, atentos… Emocionante hora que fue para mí un regalo. Me hubiera gustado disponer de más tiempo para dialogar con ellos tranquilamente.

Compartí con ellos y ellas algunas ideas que expliqué brevemente y que ilustré con la correspondiente historia. Alguien ha dicho que la distancia más corta entre una persona y la verdad es un cuento.

Primera idea: Tenéis que tener sueños y saber perseguirlos con empeño.

Había una vez un joven cuyo padre era un pobre entrenador de caballos que si bien disfrutaba de su trabajo apenas ganaba suficiente dinero para mantener a su familia. Un día al niño le asignaron en la escuela la tarea de escribir sobre lo que le gustaría ser cuando fuera mayor. Esa noche, muy emocionado, escribió un ensayo de siete páginas describiendo su sueño de ser algún día dueño de una caballeriza para así criar a sus caballos. Escribió su ensayo con mucho cuidado y atención a los detalles. Incluso dibujó un plano de la tierra y la casa que soñaba poseer. Puso todo su corazón en ese proyecto.

Al día siguiente le entregó el proyecto a su profesor. Cuando lo recibió de vuelta había sido calificado con una E (error), y su profesor había escrito en la parte superior del ensayo en letras rojas: “Véame después de la clase”. El joven se quedó después de que el timbre de salida hubiera sonado y le preguntó a su profesor:

- ¿Por qué ha calificado el trabajo con una E?

- Para eso te he llamado. Para explicarte la calificación. Tu trabajo describe un futuro irreal para un joven como tú. No tienes dinero y tu familia es pobre. No tienes recursos para comprar tu propia caballeriza. Tendrías que comprar la tierra, los caballos y todos los recursos necesarios y, además, tendrías que pagar los costos del mantenimiento. No hay forma de que puedas pagar eso.

El joven fue a casa y lo pensó durante largo rato. Incluso le preguntó a su padre qué debería hacer. Su padre le respondió:

- Mira, hijo. Tienes que decidir por ti mismo. Esa es una decisión importante y no puedo tomarla por ti.

Después de considerarlo durante todo un día, el chico entregó el ensayo a su profesor sin ningún cambio y le dijo:

- Usted puede mantener su mala calificación. Yo voy a mantener mi sueño.

Pasaron los años. Un día el profesor, ahora próximo a la jubilación, llevó a un grupo de niños a visitar una famosa caballeriza que criaba alguno de los caballos más espectaculares del país. Y se asombró cuando reconoció al dueño. Se dio cuenta de que era el mismo joven al que había calificado el trabajo con una E.

Antes de marcharse, el viejo profesor le dijo al dueño de la caballeriza:

- Cuando era tu profesor, hace muchos años, yo era un ladrón de sueños.

Durante años les robé los sueños a los niños. Afortunadamente tú te las arreglaste para mantener los tuyos.

Segunda idea: Tendréis que superar dificultades. Una familia tiene un caballo. Después de una jornada de trabajo no lo encuentran por ninguna parte. Después de una larga búsqueda descubren que se ha caído a un pozo. El pozo es tan profundo, el caballo tan viejo y la familia tan pobre que, para que no sufra una larga agonía, deciden sepultarlo. Acuden con palas. Cuando el caballo siente la tierra en su lomo, en lugar de quedarse inmóvil y maldecir su suerte, la sacude violentamente y la tierra cae a sus pies, de modo que sube unos centímetros de nivel. Le siguen echando tierra, él la sacude con fuerza y va subiendo de nivel. Va subiendo, va subiendo y sale trotando en libertad. Las paladas de tierra que pretendían sepultarlo él las convierte en una escalera para la liberación.

Tercera idea: Tenéis que tener una visión positiva de la vida y de vosotros mismos. Cuando se estaba construyendo la catedral de Chartres pasó un viandante y a uno de los trabajadores le preguntó qué estaba haciendo. Le dijo que estaba levantando una piedra horrible, con un calor asfixiante. Le preguntó a un segundo trabajador y le dijo que estaba levantando una pared colocando una piedra otra con mucho calor. Le preguntó lo mismo a un tercer trabajador y este le dijo con orgullo, satisfacción y alegría que estaba construyendo una catedral. Los tres estaban haciendo lo mismo, trabajando en la misma obra con el mismo calor. Uno maldecía su trabajo, otro lo soportaba y el terceo lo disfrutaba y le daba sentido.

Cuarta idea: Hay que tener valores en la vida Había una vez una manzana que siempre había querido ser una estrella.

Nunca quiso ser una manzana. Se pasaba los días pensando, ilusionada, cómo sería una vida brillando en el cielo.

Un día la manzana le preguntó al viento:

- ¿Las estrellas están fijas o se desplazan recorriendo todo el firmamento?

- Las estrellas se desplazan recorriendo todo el firmamento a una velocidad de vértigo, contestó el viento

Nuevamente se avivaron los deseos de la manzana de convertirse en una hermosa estrella. No era capaz de sonreír, ensimismada en su tristeza.

Una familia de vacaciones se refugió bajo la copa del manzano. En medio de la amena conversación, el padre de familia se apoyó en el tronco del árbol. Y cayeron varias manzanas, entre ellas la triste manzana que quería ser estrella.

La niña la cogió y comprobó que estaba madura. Le pidió un cuchillo a su mamá. Ella le entregó uno muy bien afilado, con la inevitable advertencia.

- Cuidado, cariño, no te cortes.

La niña partió la manzana de forma transversal, no del tallo al hoyuelo.

Y quedó asombrada al ver la estrella de cinco puntas que aparecía en el corazón de la manzana. Y gritando, llamó la atención de toda la familia:

- Mirad, mirad, qué maravilla. Aquí hay una estrella.

La manzana había vivido triste toda la vida sin darse cuenta de que dentro de sí guardaba una hermosa estrella. Esa estrella de la felicidad que a veces buscamos tan lejos (en el poder, en la fama, en el dinero, en las cosas, en las drogas…) si miramos con atención, la veremos nítida en nuestro interior, en el fondo de nuestro corazón.

Planteé más ideas, más historias. No cabe todo en este breve espacio.

Nos hicimos una foto al final, una foto impresa que me enviaron gentilmente con una palabra en la parte superior: Gracias. Es la palabra que mejor refleja mis sentimientos por aquella experiencia. Cuando me iba algunos me dieron pequeños papeles con un mensaje. Aquí los tengo:

“Para que te acuerdes de Our School”, “Espero que te vaya bien”, “Que vuelvas otra vez”… Una profesora del Colegio me envía un largo correo en el que, entre otras cosas, me dice: “También quiero compartirte algo que para mí es muy valioso: los estudiantes del colegio quedaron verdaderamente impactados. No desde el entusiasmo pasajero, sino desde un lugar más profundo. Conectaron con tu forma de decir, con tu cercanía, con esa capacidad tuya de hacer comprensible lo complejo sin perder profundidad ni ser grandilocuente”. Gracias. Gracias. Gracias.

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