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Frente a la violencia, el espíritu democrático

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Archivo - El diputado de Vox, José María Sánchez García, durante un pleno en el Congreso / Alejandro Martínez Vélez - Europa Press - Archivo

Tiene un trazo esperpéntico con la teoría del espejo cóncavo y su distorsionada visión de una realidad que intensifica sus rasgos más absurdos. La grotesca máscara y la deformada imagen con el toque sórdido de nuestro Valle-Inclán. Lo vemos día a día en las actitudes de la derecha extrema y la extrema derecha. Lo hemos visto recientemente en el Congreso. Un altercado producido por un diputado de Vox que recuerda la gloriosa hazaña del 23F allí mismo. Salvando las distancias, la violencia política es inadmisible. Pero sigue latiendo con su contagiosa e infumable polución atmosférica.

Este personaje invadió el territorio del vicepresidente primero de la Cámara y tardó en salir por la puerta de atrás. Ese grupo no está para servir a la democracia respetándola, sino para servirse de ella e intentar destruirla. Por tanto, esta debe defenderse y nadie puede permitir que algunos continúen haciendo de las suyas. Degradar, como método diario, y aguardar a ver si tenemos la fortuna o no de que lleguen a manejar el país.

El PP no sabe, no contesta, no condena y mira al tendido a la vez que desprecia el orden democrático y a los ciudadanos sistemáticamente. Defiende el matonismo como forma de entender la política. Nada nuevo bajo el sol con la antigua estrategia histórica y de siempre. Las líneas rojas se traspasan cada día. ¿Cuál será la siguiente y vergonzante acción? Porque esto se ha normalizado en sede parlamentaria y fuera de ese ámbito.

Tras Extremadura, todo sea por los pactos en Aragón y Castilla y León para que no se enojen los de Abascal, y ya veremos qué pasa en las próximas elecciones andaluzas. La vida parlamentaria y la realidad nacional no pueden regirse por esta clase de conductas que solo pretenden embarrar más y más el terreno de juego. Manipular la situación e imponer un falso relato como si España estuviese al borde del abismo cuando ocurre justamente lo contrario, lo cual no significa que no haya problemas. Cualquier cosa vale en el intento de apear al presidente Sánchez del bus de la Moncloa y de cambiar de rumbo en claro perjuicio de la mayoría y en beneficio de los privilegiados habituales.

Unos se apuntan a la crispación permanente con el único sentido de desgastar y ganar si los votos lo permiten. No tienen otra ruta. Y eso que en el PP existe otro modelo menos ruidoso que prefiere tener un perfil institucional. Es el caso del presidente andaluz Moreno Bonilla, aunque, a pesar de su moderación, no ve mal a Vox si le resulta rentable. Sea como fuere, la ultraderecha del Partido Popular es obvia, y si alguien lo duda que escuche a Díaz Ayuso nuevamente. Uno de esos ejemplos, que convierten la política en campo de guerra, reside en sus recientes declaraciones sobre la cumbre progresista celebrada en Barcelona. Ofensas a los líderes internacionales reunidos y elogios a la ley de la selva y a su falsa libertad en un difícil contexto geopolítico.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, participa junto con el vicepresidente de CEOE y presidente de CEIM, Miguel Garrido, en un encuentro de trabajo con directivos y representantes de empresas españolas en Bruselas / Marius Burgelman/Belga/Europa Press

Esta señora no digiere el músculo nacional e internacional de Pedro Sánchez y necesita echar leña al fuego del PP y de Vox para que no se apague. Dice lo que le dicen que diga y tan contenta. La consecuencia de este panorama para ver, oír y gritar es la polarización creciente del electorado. No hay intercambio riguroso de argumentos. Desafíos a la antigua usanza, soeces, sinrazones e intimidaciones que agravan la salud democrática y de la ciudadanía. Uno de los que se ejercitan en estas lides, Feijóo, exige «rebajar la tensión». ¿No es paradójico decir eso y actuar con violenta lengua? Ya saben lo de «tirar la piedra y esconder la mano». Vean a Bárcenas inculpando al PP y a Rajoy en el juicio de la Kitchen. La cuestión es tapar las vergüenzas y nutrir un clima épico de desconfianza, inestabilidad y confrontación que traspase la barrera del hemiciclo.

¿Qué les importa a ciertos ejemplares el bienestar de la gente de a pie y los derechos sociales y laborales en el marco de una democracia social y económica? Vean el asunto de la vivienda según el PP. Facilitar desahucios a bancos y fondos buitres, y eliminar la protección de los más vulnerables. Ni asimilan tampoco el hecho de que la situación en Cataluña haya ido mejorando mucho. Que el independentismo sea casi una anécdota y no ardan las calles. O que la capital catalana conviva pacíficamente en España como en la citada cumbre. Mientras, Corina Machado, la que obsequió de rodillas la medalla del Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, abrazaba a las dos derechas alegremente y daba la espalda al espíritu progresista y solidario de Sánchez.

¿Es el comienzo de un cambio de época frente a Trump y al movimiento ultraderechista global? Es preciso elegir. ¿Demócratas o antidemócratas? ¿Amenazas o defensa del multilateralismo y el respeto al derecho internacional? En suma, la lucha pacífica y permanente contra la fatalidad, los bulos y el discurso reaccionario ha de ser la norma.

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