Diferenciar entre lo divino y lo humano
La nueva fuente dedicada a la Venida de la Virgen, que se ha colocado en las Puertas Coloradas, donde estaba la de Salvador Soria. / Matías Segarra
Si hay una cuestión en la que el actual Ayuntamiento, con PP y Vox a la cabeza, está superando cualquier expectativa es en el impulso a la proliferación de temática religiosa, católica para más señas, en todos los ámbitos de la vida ciudadana de Elx.
Se podrá decir, con razón, que este Ayuntamiento es poco riguroso a la hora de cumplimentar las grandes promesas electorales que hizo en campaña. Ahí, sin exagerar, podemos decir que ha sido un gran fracaso. Su capacidad de gestión y de conseguir recursos, especialmente, de la Generalitat Valenciana, brillan por su ausencia. Nunca se sabrá si es porque el Consell, desde València, tiene a Elx olvidada, que es muy probable o porque Ruz no tiene capacidad, o valor, para exigir allí lo que nos corresponde y nos prometió. O, tal vez, sea una combinación de ambas cuestiones. El resultado final, en todo caso, sí es evidente. Nada, o prácticamente nada, de lo que se prometió está en fase de resolución a corto plazo. Y así nos va, por cierto.
En cambio, hay otro aspecto en el que este Ayuntamiento destaca y mucho. Es cierto que ya anunció el alcalde Pablo Ruz que se decía de él que, si gobernaba, pondría un belén en cada esquina. Es verdad que aún quedan esquinas libres, pero lleva buen ritmo. No se exagera si se dice que, en el tema de procesiones, estatuas de la Virgen, grabados de la misma en piedra o cerámica, celebraciones, etc. no hay quien le gane. La imagen de la ciudad está cambiando rápidamente. Se aprovecha cualquier ocasión para dejar la impronta religiosa. Y, si no hay ocasión, se prepara.
Es lo que pasó hace unos meses con la estatua de Salvador Soria a la salida del puente de la Generalitat. Aprovechando la rehabilitación de la casa privada existente en el denominado Huerto de la Virgen, hecha con fondos municipales, a través de un anunciado convenio, el equipo de gobierno decidió, además, instalar una imagen de la misma en la rotonda que está enfrente de dicho huerto. El hecho de que allí estuviera colocada, desde hace muchos años, una escultura de alguien tan conocido y respetado como su autor, Salvador Soria, lo que suponía un orgullo para esta ciudad tener obra de alguien tan afamado en el espacio público local, no impidió que los designios de nuestro alcalde no pudieran llevarse a cabo allí. Oportunamente se descubrió que la citada escultura tenía unos «defectillos», que nadie había detectado hasta ese momento y, ni corto ni perezoso, y de la noche a la mañana desapareció de donde estaba colocada. De inmediato aquella pequeña rotonda, dejada de la mano de dios, nunca mejor dicho, se transformó en un espacio lleno de flores recién plantadas y mejor cuidadas, se instaló una monumental peana de piedra y, encima, tras una colocación por parte de una grúa, que chirriaba bastante por cómo se hizo, apareció una imagen de la patrona donde nunca había estado.
Un nivel de eficacia que para sí quisiera el Ayuntamiento en otros temas. Y es que hay temas y temas. De la caída estatua de Salvador Soria, en cambio, se dijo que se pondría en otro espacio cercano, cosa de la que todavía no hay noticias. La rapidez en estos temas también tiene sus límites, y algunas preferencias son incomparables. Esperemos aparezca por algún sitio y no haya desaparecido.
Y es que, dentro de esta dinámica de recatolización de la ciudad, a la que asistimos, es curioso ver como la aplican dos partidos como el PP y Vox que, al tomar posesión del Ayuntamiento, declaraban que venían a luchar contra el «adoctrinamiento» que dicen se ejercía con anterioridad. Pues menos mal que no querían adoctrinar. Les faltó decir que, para adoctrinamiento ya venían ellos bien preparados, y lo impondrían como si siguiéramos estando en el estado confesional del anterior régimen que, a veces, tanto parecen añorar.
Otro ejemplo fue lo del Año Jubilar para celebrar el aniversario del Dogma sobre la virginidad de María que, como era de suponer, pasó sin pena ni gloria a pesar de la inversión y esfuerzos municipales en recordar algo así.
Y es que, hace unos días, hemos vuelto a comprobar esta confusión deliberada entre creencias religiosas y la aconfesionalidad del Estado, recogida en la Constitución. El Ayuntamiento, todas las instituciones públicas, deben preservar su laicidad frente a cualquier tipo de creencia. Las instituciones no son de nadie en estos temas. Todas las creencias pueden ser respetables, pero pertenecen al ámbito privado y personal de cada uno. La reciente inauguración de la llamada «Casa de la Familia» en la zona de San Antón, con bendición incluida de un sacerdote católico, es otra muestra más de un aprovechamiento de un espacio público que genera confusión y rechazo en muchos. Y no ha sido la primera vez.
Por ello no ha sido extraño que algunos hayan pensado, al leer que el alcalde ha solicitado a ADIF (Renfe) permiso para instalar una fuente, aprovechando la remodelación de la rotonda del l’Aljub, que, con ello, busca la coartada perfecta para colocar alguna imagen, religiosa por supuesto, en dicha rotonda, como la ya prevista en la reforma de la plaza del Congreso Eucarístico frente a Santa María, o la ya instalada en Arenales, etc.
Debería el actual Ayuntamiento saber diferenciar las creencias religiosas personales, de su papel como administrador del poder municipal. Se debe gobernar para todos, sin imposiciones de este tipo, como bien dice la Constitución y como Elx se merece.
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