'Farsa y licencia de la reina castiza', una comedia satírica y esperpéntica sobre sexo y corrupción
Va a resultar que esa excelencia teatral que se le atribuye a Valle-Inclán donde se está demostrando es en sus consideradas obras menores. Esos pequeños textos que escribió para marionetas o títeres de cachiporra. Ya se pudo comprobar con el éxito que tuvo La cabeza de dragón que Lucía Miranda montó en el Centro Dramático Nacional y se vuelve a comprobar con Farsa y licencia de la reina castiza que Nao d’amores acaba de estrenar en la sala pequeña del Teatro Español.
Sin ánimo de generar polémicas, la mejor defensa para la afirmación anterior se da en el teatro. En la conexión natural que se da entre lo que sucede en escena y el público que asiste a las representaciones. Donde las coartadas culturales que el respetable y el periodismo cultural usan cuando van a ver, por ejemplo, Luces de bohemia, sobran en los casos citados porque las experiencias son lo suficientemente lúdicas como para no tener que buscar ningún tipo de justificación más allá de lo bien que se lo han pasado y de que les ha gustado.
Esta vez lo que ha gustado es la comedia que se monta alrededor de la reina Isabel II, la de España en el siglo XIX, que no hay que confundir con la inglesa del siglo XX. Una reina con muchas peculiaridades, según las crónicas no oficiales de la época, entre las que se encontraba la de ser una devoradora de hombres. Amantes a los que le gustaba escribir cartas largas y tendidas.
En esta obra, una de esas cartas se convierte en moneda de cambio. Un elemento para solicitar prebendas,........
