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En modo silencio

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19.04.2026

19 de abril 2026 - 03:10

Desde que la conexión a internet nos rodea en todo momento y lugar, el ritmo de nuestras vidas ha ido escalando al de la permanente activación, la disponibilidad inmediata y la estimulación sensorial, y lo peor es que lo aceptamos, integramos y participamos, queramos o no. La falta de cobertura genera una ansiedad equivalente a asociar el no poder localizarnos con la posibilidad certera de que algo malo va a pasar, y eso es agotador por la carga de ansiedad que acarrea. ¿Cuántas veces nos volvemos a casa si al salir hemos olvidado el móvil y al recogerlo al rato, o a las horas, vemos que nada ha cambiado y tan sólo hay algunos mensajes perfectamente borrables? La herramienta ha pasado a ser el apéndice y todos lo dan por hecho, y engordamos esta cadena de histeria de la inmediatez en la interacción porque ya es realmente difícil salir de ahí.

Yo aún soy consciente porque soy de la generación de la cabina para llamar a casa al llegar al destino, del “si no hay noticias son buenas noticias” y de “el teléfono es para una razón”. Podía irme a otro país durante semanas y no pasaba nada, podía recorrerme el Andévalo de acampada y nadie sentía ansiedad por no poder localizarme, pero los niños y jóvenes de hoy lo tienen mucho más difícil. Les dicen que el móvil es veneno, pero los padres queremos que respondan rápido. En los centros escolares está prohibido y luego les obligan a usarlo para hacer tareas. En los años del Covid las pantallas fueron el akelarre donde los estudiantes se quemaban la vista durante horas y nadie hizo nada por buscar alternativas.

Activar el modo silencio como forma de sacudirnos toda la mugre de falsedades, barbaridades, estafas y todo tipo de drogas que nos inoculan con una docilidad borreguera a través de la luz azul de nuestras pantallas. Alguna pista nos dará el hecho de que los grandes magnates sólo usan el móvil de llamadas y se cuidan muy mucho de que sus hijos no accedan a esa comida basura de los megas de datos. El aburrimiento es la medicina que nos desintoxica y hacer actividades donde no se pueda estar conectado, la excusa que nos podemos dar para separarnos un rato de todo esto que tanto daño hace. Reivindiquemos el derecho al silencio.

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