¡¡Señor!! Así no
21 de marzo 2026 - 03:08
Desde el más absoluto respeto institucional por su cargo de Jefe de Estado, constitucionalmente reconocido, debo mostrar mi disconformidad con su declaración –que puedo entender, aunque no comprender, como informal o personal- en relación con la colonización de América.
Soy de Huelva y todo lo relacionado con aquel continente me interesa porque, básicamente, sin los marineros de esta tierra y su grandiosa gesta –quiérase o no- tal vez, se hubiera ahorrado usted el circunloquio dialéctico para huir de la exigencia de perdón que se nos plantea, conflicto diplomático incluido, desde una posición demagógica propia de los populismos al uso en determinados sectores con tendencias de afinidad egocéntrica y que “candorosamente”, no necesitaban ni respuesta como ya se hizo en su día, ni caer en un intento de complacencia, tal cual es señalar que en esa colonización americana “hubo muchos abusos”.
Siento decirle que “picó el anzuelo” planteado favoreciendo a quienes alientan un debate histórico improcedente e innecesario, amparándose en elementos como la Leyenda Negra, con sus certezas en lo defectuoso de los colonizadores, pero ni siquiera una mínima crítica a otros colectivos, seguramente más explotadores, como los anglosajones u holandeses rivales de los españoles y favorecidos por determinados elementos más amigos de la depredación de los hechos, mientras ocultan la parte beneficiosa de aquella colonización y no hablo de Universidades, Hospitales, … sino de la liberación de tribus, etnias, pueblos que padecían bajo el yugo poderoso de personajes del Imperio Azteca, por citar un ejemplo.
Me refiero al mestizaje, sin el cual, difícilmente existiría un impulsor de la petición del perdón solicitado cuyos apellidos son de origen cántabro tan innegable como ese mestizaje –insólito para los anglosajones- es una clave en la identidad de América.
Así, pues, Señor, al igual que mide sus palabras en el terreno político interno, debe hacerlo sin interpretar el pasado en función del presente y, en ningún caso rebajarnos, cinco siglos después ante un revanchismo absurdo, pues por revisión a posteriori, de errores históricos, llegaríamos hasta Adán y Eva.
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