Aplaudir las chapucerías: loas que destruyen el futuro
La observación apunta al núcleo de una contradicción que, de no resolverse, carcome por dentro el proyecto social que defendemos. Sin negar la realidad asfixiante del bloqueo, y la crudeza de una crisis económica que es, en gran medida, impuesta, se trata de rechazar que esa realidad sea usada como coartada para la mediocridad, la desidia y la falta de profesionalidad.
La Revolución Cubana se construyó, precisamente, contra lo chapucero. Fue y debe seguir siendo la antítesis del «asere», del «resolver», del «robar» que empobrece, del «invento», del edificio con goteras desde el primer aguacero, de las obras que hay que inaugurar en «tal fecha», a sabiendas de que no estará lista. Los ejemplos sobran.
Su belleza humana, de la que habla el enunciado, radicó en la aspiración a la excelencia en medio de la escasez: en la campana de La Demajagua forjada con rigor, en la Campaña de Alfabetización ejecutada con precisión pedagógica, en el internacionalismo médico ofrecido con la más alta competencia técnica. Ese es el estándar. Permitir que la chapucería se instale como norma no es un efecto colateral de la crisis; es una traición a ese estándar fundacional.
El verdadero peligro no es que el enemigo utilice nuestras deficiencias como propaganda –eso siempre lo hará–, sino que nosotros mismos normalicemos la baja calidad como........
