menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

‘#Amigos’

9 0
22.03.2026

22 de marzo 2026 - 03:09

Hubo un tiempo en que la amistad no malvivía en los móviles. No se medía en historias vistas ni en reacciones icónicas. Estaba hecha de intemperie soportada. Ahora vivimos la paradoja de la compañía exterior y el desamparo interior. Nunca fue tan fácil estar en contacto; nunca fue tan difícil sentirse acompañado. La crisis de la amistad es fruto del distanciamiento. Empieza cuando sustituimos la visita por el mensaje, cuando confundimos el emoji amable con el afecto y dejamos que el algoritmo decida a quién vemos. La antigua amistad ha sido arrinconada por la tecnología.

El amigo era antes testigo de nuestras sucesivas versiones: sabía lo que fuimos y nos ayudaba a sobrellevar lo que somos. Hoy editamos nuestra identidad con la inmediatez de un espejo, aunque casi siempre de cristal amañado. Somos perfiles, vitrinas de un yo iluminado. ¿Cómo sostener una amistad verdadera si mostramos sólo lo que refulge? La intimidad necesita sinceridad, exponer nuestra realidad sin filtros. Pero estúpidamente hemos aprendido a ocultar lo que creemos que nos desluce.

Además la vida digital nos acostumbró a la urgencia y, por ella, prescindimos de quien no nos responde al instante. Necio error: las amistades arraigan en la lentitud. Requieren tiempos de ausencia, mudeces que no se interpreten como desdén, discusiones que no terminen en bloqueo. Perseverar es hoy un gesto reviejo y, a la par, cuasi subversivo.

Y está –otro cómplice– el trabajo, esa religión laica que promete realización a cambio de todas tus horas. La amistad, improductiva por definición, compite con agendas saturadas. Quedar se vuelve una tarea. Pero la amistad no es obligación, es calma, el puerto seguro en el que aguardar una mar benévola.

No todo es negativo. Tal vez este trance suponga también una invitación a elegir a alguien y apoyarlo, incluso cuando no haya nada que ganar; a escuchar sin ansiedad; a decir “aquí estoy” y darle significado a esas palabras; a recuperar, en fin, el secreto compartido, la risa que no se escribe, el silencio que se oye.

La amistad implica el riesgo de ser visto sin aderezos. Y en una época obsesionada con el control, dejarse conocer es un acto terrorífico. Aun así, ninguna red social, por poderosa que se proclame, sustituirá jamás la sutil fortaleza de dos manos que se estrechan.

También te puede interesar

Juanma Moreno se centra en Vox

Superdomingo en Andalucía

Francisco González García

Por supuesto sin Presupuesto

Manuel Vilas: "La mala fama de Tinder es injusta"

El Alpine A390 irrumpe en Granada: emoción, tecnología y ambición en estado puro

Granada se enchufa al futuro con la presentación del nuevo MG S6 EV en Kimber Motor

Los 70 años de ‘The Floor’


© Granada Hoy