‘Deja Vu’
10 de abril 2026 - 03:08
Con la llegada de abril, las televisiones generalistas presentan sus nuevos programas y sobre el papel, nuevos motivos para sentarse frente al televisor. Sin embargo, al repasar las parrillas se comprueba que hay pocas novedades y demasiadas fórmulas repetidas. No es un problema exclusivo de una cadena concreta (aunque lo de Telecinco es digno de estudio) porque el patrón se repite en todas. Muchos estrenos, sí, pero la mayoría transmite continuismo, agotamiento creativo y generan escasa expectación.
Son formatos probados, sí, pero también previsibles. La estrategia es comprensible: en un contexto de fragmentación de audiencias y caída del consumo lineal, las cadenas apuestan por lo seguro. El problema es que lo seguro ya no garantiza resultados. Repetir esquemas que funcionaron hace diez o quince años no conecta con una audiencia que hoy consume contenidos de forma muy distinta. La falta de riesgo creativo no es una causa aislada, sino un síntoma. Las televisiones generalistas llevan años reaccionando a la pérdida de audiencia con prudencia extrema, lo que ha derivado en parrillas conservadoras, poco innovadoras y muy similares entre sí. En abril, esa sensación se acentúa.
Este escenario ayuda a explicar por qué las televisiones generalistas pierden progresivamente a la audiencia joven. No se trata solo de que los menores de 35 años prefieran el streaming o las redes sociales; es que, cuando miran la programación en abierto, rara vez encuentran algo que sientan como propio. Los jóvenes buscan narrativas más ágiles, formatos más cortos, mayor diversidad de voces y temáticas más cercanas a su realidad. Frente a eso, las parrillas de abril ofrecen programas largos, estructuras rígidas y un lenguaje televisivo que parece pensado para otro tiempo.
A la televisión generalista le cuesta romper con sus propias inercias. Abril vuelve a demostrar que el principal desafío no es competir con las plataformas, sino atreverse a cambiar. Apostar por nuevos lenguajes, por formatos híbridos, por talento emergente y por contenidos que no estén diseñados solo para “aguantar cuota”, sino para generar conversación y relevancia cultural. La televisión en abierto no está muerta, pero necesita algo más que pequeños retoques de parrilla. Necesita ideas nuevas, riesgo creativo y una mirada menos nostálgica del pasado y más conectada con el presente. Su oferta parece estar en deuda con el pasado, más que interesada en el futuro, cuando el único modo de tenerlo pasa por inventarlo.
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