El qué y el quién
20 de abril 2026 - 03:08
Hemos normalizado que se pite el Himno Nacional y que se abuchee al Rey en la Final de Copa. Si se clasifican el Barcelona, el Athletic de Bilbao o, como este año, la Real Sociedad, sabemos que tenemos garantizado un bochornoso espectáculo. La pitada, ciertos cánticos y el resto de numeritos carnavalescos que dan forma al tumulto son una falta de respeto a los símbolos nacionales, a las instituciones del Estado y también, una triste, deplorable y absoluta ausencia de urbanidad.
Pero ser maleducado no es delito. No debe serlo. Resulta muy incómodo para el resto de los ciudadanos que preferirían disfrutar del partido entre seres civilizados pero es asumible para personas educadas. Y eso que a veces, la forma de manifestar sus complejos y miserias morales por parte de quienes confunden la protesta con la injuria y el insulto, es tremendamente grosera. De todos modos, toda persona educada sabe que la cortesía es la capacidad de domar los impulsos, razón por la que tras oír a semejante jauría pitar al Himno Nacional de España, es fácil recordar aquella frase de Cervantes que nos advierte de que “quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia”.
Además, la Libertad de Expresión, y así lo he defendido siempre, admite el insulto, la injuria, el desprecio y hasta el odio. Porque las ideas no delinquen y a nadie puede exigírsele que no piense de determinada manera si es esa la que le satisface. Distinto es si cualquiera de esos sentimientos innobles se convierte en una acción y traspasa, por tanto, los límites establecidos penalmente, debiendo ser su autor perseguido, juzgado y castigado en su caso.
Es incongruente, en cambio, ver cómo en esos mismos espectáculos deportivos se sanciona a quien lanza un grito racista contra un determinado jugador. Ser racista es deleznable, pero no debería ser delictivo. El delito ha de ser esclavizar a otro ser humano. Pasa igual con la xenofobia, la intolerancia religiosa o cualquier otra idea detestable. Sin embargo, ¿ahí no aplica la Libertad de Expresión? Creo que quien pita al Himno Nacional, demuestra su odio a los millones de españoles orgullosos de serlo; quien abuchea al Rey, hace público su odio a la Corona e incluso a la Constitución que la consagra. ¿Por qué se ha aceptado ese doble rasero? Muy fácil, hoy, lo primordial, no es qué se hace sino quién lo hace. Y hay quienes tienen bula y quienes no. Así de sencillo. Y así de triste.
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