Pietà
01 de abril 2026 - 03:07
Hay una palabra más hermosa en cualquier lengua que la palabra piedad? Lo recordaba el otro día, al ver la talla de la Piedad del Baratillo, que procesiona justamente hoy, el Miércoles Santo. En la época de la IA y los scrolls interminables de Instagram y TikTok, ¿qué sentido tiene ver una escultura de una madre con su hijo muerto? ¿Qué nos dice? ¿Cómo puede afectarnos en un mundo occidental que parece haber olvidado cualquier clase de emoción humana? Y luego, al ver la Piedad, pensé en otra cosa más curiosa aún: el cristianismo es la única religión universal que tiene una constante presencia femenina en su iconografía y en sus textos sagrados. De hecho, Jesús de Nazaret es el único reformador religioso de la edad antigua que tuvo una relación asombrosamente respetuosa con las mujeres y las trató de tú a tú, cosa insólita en su época (y también en la nuestra, no lo olvidemos). El episodio de la pecadora que le lavó los pies y le ungió el cabello no sería posible en ninguna otra religión de su época (¿qué otro mesías se habría atrevido a tocar a una prostituta?). Y ningún otro credo religioso tuvo un grupo de seguidoras fieles –María, María Magdalena, Salomé– que formaban parte del séquito del Profeta y que tenían trato directo con él. En ese sentido, Jesús es el primer –y quizá único– reformador religioso que tiene una mentalidad feminista, al menos para los hábitos mentales de su época.
Cuando Rilke, hacia 1905, vio una escultura de Rodin dedicada a María Magdalena y Jesús crucificado, escribió un poema que tituló simplemente Pietà. Es uno de los más grandes poemas que se han escrito. Está empapado de deseo y de carnalidad, pero al mismo tiempo es un lamento fúnebre y un poema de amor imposible. María Magdalena se dirige al Cristo crucificado como una enamorada se dirigiría a su amante. “Tu corazón está abierto y se puede entrar;/ esa entrada debería haber sido solo mía”. Eso le dice, casi enfadada, casi celosa, María Magdalena a Jesús. Pero luego la Magdalena acepta su destino, sabiendo que la muerte de Jesús significa también su propia muerte. El final del poema es este verso prodigioso: “Y de qué extraña manera perecemos ahora los dos”. Y eso es la Piedad: dos seres que perecen juntos, uno vivo y otro muerto, una vez más en otro Miércoles Santo.
También te puede interesar
Un palco en el patio de mi casa
Manuel Gregorio González
Nostalgia de La Tierra
No nos lo contó nadie del Gobierno
Mar Bassa: “El morbo explica buena parte del éxito de la novela negra hoy día”
El Íbex cae un 7% en marzo
El lado correcto de la historia
El ejemplo de Carolina Marín
