Aquí una sierva...
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CompartirConozco varias mujeres de izquierdas a las que las palabras de la ministra Ana Redondo este sábado hacia su presidente les han provocado indignación. Conozco ... hombres de izquierda, para que no haya dudas, que están a carcajada batiente por las devociones verbales hacia el presidente del Gobierno, que da la casualidad que es el que pone y quita ministros y cargos.
No hay mayor sumisión de una mujer hacia un hombre que lo dicho públicamente por la ministra de Igualdad hacia Pedro Sánchez. No hay mayor escarnio público que lo que ha hecho esta mujer para celebrar el día del feminismo excluyente, porque eso es en lo que ha derivado el 8 de marzo. Le faltó decir: «Aquí una admiradora, una amiga, una esclava, una sierva», que era hasta ahora la expresión de sumisión más exagerada y cómica y que fue popularizada por José Luis López Vázquez en la película española «Atraco a las 3».
La ministra de Igualdad, Ana Redondo se ha contorsionado hasta caricaturizarse, lo que ha provocado el bochorno hasta del propio Pedro Sánchez, al que se ha visto en el mitin del sábado en Soria empinar una botella con el logo socialista para pasar el trago vergonzoso de ver a su súbdita hincar la rodilla en tierra y agachar la cabeza como símbolo de sumisión suprema y de devoción al «superhéroe» Sánchez. Por momentos, una parte del público pensó que la ministra vallisoletana entraba en éxtasis.
«Eres el presidente que necesitamos. Eres el superhéroe de la democracia, eres el superhéroe de la paz, eres el superhéroe de la dignidad, de los derechos y del feminismo», dijo la panfletaria, que por momentos parecía que iba a perder el contacto con la realidad.
¿Es necesario este sometimiento verbal y encima en un acto público? Yo creo que no. Desgraciadamente hay todavía mujeres, esas que se declaran las heroínas del feminismo excluyente, que para continuar en sus puestos tienen que recurrir a este tipo de humillaciones.
El presidente del Gobierno, ¿el superhéroe de la dignidad, de los derechos y del feminismo, en serio? ¿Él que miraba para otro lado cuando su suegro, supuestamente, financió su carrera hacia Ferraz y hacia la Moncloa con el dinero de los lupanares? ¿Él, que compartió horas y kilómetros por esas carreras de España con dos declarados libertinos que, a juzgar por las conversaciones, vejaban a las mujeres y las convertían en pedazos de carne con el precio colgando? ¿Él, que ha tenido como asesor de la máxima confianza en el Palacio de la Moncloa a Paco Salazar, un individuo que ejercía su superioridad con la bragueta bajada?
A la ministra, la de las pulseras falsas antimaltrato, le ha servicio para rescatar el partidista «no a la guerra». No conozco a nadie que quiera la guerra, señora ministra, pero me sorprende su cobardía al no denunciar el sometimiento de las mujeres a las que obligan a llevar burka, hiyab, niqab o cualquier forma de velo islámico que los talibanes imponen de manera radical y como forma de sometimiento de la mujer. Al menos prohíban en España esas formas de sumisión y hagan que se respeten nuestras costumbres, como tenemos que hacer nosotros cuando visitamos algunos países árabes como Irán o Afganistán, aunque estemos en contra de que nos escondan los hombres detrás de esos pedazos de tela. En algunos países, como Francia y Dinamarca, existe la prohibición de usar prendas que cubran el rostro en público.
Nadie quiere la guerra, se lo aseguro. La instrumentalización de la guerra es un patrimonio del «zapaterismo» primero y del «sanchismo», después, pero no conozco a nadie que no quiera la paz, se lo aseguro ministra. No solo su «superhéroe» sin capa.
Por cierto, ¿qué tiene que ver el día de la mujer con el «no a la guerra»?
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