La complejidad de la semana
Se pueden llegar a decir muchas tonterías, a lo mejor infinitas, sobre los días de la semana. Y las cosas que se dicen, y que no constituyen tonterías, quizás tampoco se diferencien demasiado de las que sí lo son. Entre nosotros: decir es facilísimo, y no demasiado caro. En cuanto las palabras salen por la boca, algo muy sutil, fino, las hace caer de un lado o del otro de eso que llamamos sentido, juicio, aplomo. La finura casi se vuelve una moneda al aire. De cualquier día de la semana hay algo que afirmar: los domingos no sé qué, y los viernes no sé cuánto, y también los sábados y los miércoles, y bla bla bla. Y ya no digamos los lunes. Los lunes, por favor. Parémonos ahí. Los–lu–nes. Cuánto han tenido que soportar. Parece increíble que sigan........
