Ni el Padre Urraca nos salva
El cambista cruzó las puertas de la iglesia La Merced buscando lo que durante siglos se conoció como sagrado. En otra época habría dicho que corría a pedir asilo. A buscar refugio bajo la protección de un espacio donde la violencia debía detenerse. Pero detrás de él venían cuatro delincuentes armados. Entraron al templo, le dispararon y le arrebataron S/52.000 a pocas cuadras de Palacio de Gobierno. La persecución no terminó en la puerta de la iglesia. Continuó dentro de ella. La escena parece extraída de una novela sobre el derrumbe de las certezas. Durante siglos, los templos fueron lugares de amparo. No importaba quién cruzara sus puertas ni de quién escapara. Existía la idea, compartida por creyentes y no creyentes, de que ciertos espacios estaban fuera del alcance de la violencia. Aquella mañana, sin embargo, la realidad impuso otra lógica. El hombre en busca de protección fue emboscado por una banda de “marcas” que lo siguieron por varias cuadras hasta interceptarlo........
