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¿A diferencia del mundo, por qué en Perú, hay muchos candidatos a la presidencia?

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26.03.2026

Por tres días consecutivos, hemos escuchado las propuestas de un pelotón de candidatos a la presidencia del Perú, un país sin tradición partidocrática. Los intentos durante el siglo XX tienen su mérito, pero no bastó para configurar la referida tradición política que sí se ve, por ejemplo, en Estados Unidos, que cuenta dos, fuertes y arraigados a su vida nacional: los partidos Republicano y Demócrata. A pesar que durante el siglo XIX el país vio surgir al primer Partido Civil (1872) de nuestra historia, con la llegada al poder de Manuel Pardo y Lavalle, y contamos otros, como el Partido Constitucional, de Andrés A. Cáceres, o el Partido Demócrata, de Nicolás de Piérola -ambos presidentes de la República, en su momento-, durante la fuerte “República Aristocrática” que dominó a la vida nacional luego de la derrota de la guerra con Chile y el final del siglo XIX, nunca fueron partidos consolidados sino de coyunturas. Al inicio del siglo XX, contamos al centenario APRA, fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, en México (1924) o el Partido Socialista Peruano, de José Carlos Mariátegui (1928), luego denominado Partido Comunista Peruano (PCP), o algunas pocas décadas después, Acción Popular (1956), con Fernando Belaunde Terry, el Partido Popular Cristiano (1966), de Luis Bedoya Reyes, el FRENATRACA (1968), de Roger Cáceres Velásquez, más regional, y en los años 80, la Izquierda Unida (IU, 1980), con Alfonso Barrantes Lingán y el FREPAP (1989), de Ezequiel Ataucusi Gamonal, de perfil teocrático. Aunque gran parte de éstos últimos, tuvieron doctrina, un mérito hoy ausente en el rosario de agrupaciones inscritas ante el JNE, nunca se innovaron por las exigencias del país y del mundo, y más bien, han venido existiendo a expensas de los imaginarios dejados por sus fundadores, perfectos caudillos, o por algunos de sus destacados cuadros políticos. Desde los años 90 en que llegó al poder el pragmatismo político con Alberto Fujimori, los partidos perdieron protagonismo y fueron reemplazados por movimientos que, dominados por el hartazgo, rompieron con las poses tradicionales de nuestros políticos que jamás invirtieron para que el Perú cuente con una base partidocrática, estructurada y orgánica, que evitara precisamente la informalidad y el populismo político del presente. Durante los últimos 26 años, hemos visto surgir en el país, movimientos políticos al por mayor, sin ideario, sin doctrina, que son agrupaciones mal llamadas partidos políticos, pues por ningún lado la mayoría lo son, donde sus líderes en realidad son sus dueños, volviendo al ejercicio político ciudadano una práctica de enorme rentabilidad económica, al ponerle precio a las candidaturas congresales y hacer su agosto con la franja electoral. En 200 años no hemos construido instituciones políticas estables y sin elecciones primarias de verdad -por eso contamos 8 presidentes en una década-, sin invertir en los partidos políticos ni en sus canteras ciudadanas. Por eso, las nuevas generaciones políticas aprendieron las malas artes de las viejas, y ven al Estado como el mayor botín para asegurar sus vidas mundanas. Hechos arribistas, postulan a la presidencia, viéndola como el mayor negocio de sus vidas. Hace falta carácter para acabar todo lo que digo.

(*) Excanciller del Perú e Internacionalista

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