¿Estamos ad portas de una Tercera Guerra Mundial?
La guerra en Irán se ha convertido en un callejón sin salida para los Estados Unidos e Israel. La portavoz en Seguridad Internacional de los Estados Unidos ha dicho que Irán, después de los ataques sufridos en las últimas tres semanas, se encuentra “intacto pero disminuido”. La frase encierra una contradicción porque, si se está intacto, no puede estar disminuido. Esa expresión revela también la incógnita, por no decir desesperación, de los atacantes, en particular del presidente Trump así como de Netanyahu, que desean lograr un resultado aparentemente imposible o muy difícil de conseguir: la caída del régimen de los ayatolás, sin una invasión militar terrestre. He aquí la terrible disyuntiva de los atacantes al no estar en condiciones de llevar ese ataque para terminar de derribar al régimen enemigo. ¿Por qué? Aquí debemos realizar un análisis elemental acerca del gran obstáculo geográfico y humano. Irán es un país con un territorio de 1’648,195 km2 cuadrados y una población cercana a los cien millones de habitantes. Muchos de sus centros de producción de petróleo y de gas se encuentran en la zona marítima del país, cuyas costas bordean el golfo Pérsico. Quizás podrían ser destruidos o tomados por las fuerzas norteamericanas, pero, en el supuesto de una ocupación, todavía se encuentran lejos de los centros neurálgicos del poder, ubicados mucho más al norte del país, en su capital, Teherán, y en sus principales ciudades como Isfahán y Qum. De la misma manera, resulta evidente que una de las metas principales de Estados Unidos e Israel es lograr el restablecimiento normal del tráfico de las naves por el estrecho de Ormuz, que transportan alrededor o quizás más del 20 % de los hidrocarburos consumidos en el mundo. Ni Trump ni Netanyahu pueden darse el lujo de pelearse simultáneamente con los gobiernos de Pakistán, India, Bangladesh, Tailandia, China, Japón y Corea del Sur, cuya principal fuente de hidrocarburos proviene de Irán. Entonces es vital para los Estados Unidos que se restablezca el tráfico marítimo, hoy detenido por las minas que Irán ha sembrado en el estrecho de Ormuz. Para eso ha llamado a sus aliados de la OTAN, pero ellos hasta ahora se han negado a participar en esa operación de salvataje. Trump los ha llamado “cobardes” y “tontos” al descuidar sus propios intereses, ya que la Unión Europea también es un consumidor importante del petróleo y del gas iraní. Habrá que ver si esos insultos modifican su negativa inicial. Hay otros aspectos a tener en cuenta. Rusia ha continuado su guerra de agresión contra Ucrania, con mayor libertad ahora que Estados Unidos está envuelto en otro conflicto. Además, el alza de la cotización del petróleo y del gas la favorece económicamente. Sin embargo, hay un aspecto estratégico que ahora puede tener una extraordinaria relevancia. China jamás ha renunciado a recuperar la isla de Taiwán, todavía protegida por los Estados Unidos y Japón. ¿Qué pasaría si China se decide a invadir Taiwán mediante una operación militar que involucre buena parte de su marina de guerra y fuerza aérea, así como tropas anfibias? ¿Tolerará Trump esa conquista que significaría para los Estados Unidos una gran derrota estratégica? He ahí una terrible incógnita que puede agravar los conflictos militares que pesan sobre el mundo.
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