Cuidado con resucitar Petroperú
Petroperú ha vuelto a importar combustibles (GLP, gasolinas y diésel) desde la crisis desatada por la rotura del ducto y el caos nacional de combustibles que se ha generado. Petroperú nunca fue un importador relevante. Parcialmente, ha sido habilitada para acompañar el desabastecido mercado nacional importando GLP y gasolinas. Petroperú, sin embargo, hoy está quebrada. ¿Cómo despachar combustibles importados desde sus plantas de ventas? Tendría que operar comercialmente, sin capital y con toda su plana ejecutiva y obrera desmoralizada. Tradicionalmente, Petroperú y Repsol han venido limitándose a importar crudo para el refine en sus plantas propias. Actualmente, aquello pudo haber servido para mitigar la crisis desatada por la voladura del tubo de Camisea. Pero se encuentra sin capital, semiquebrada y en proceso de privatización. Por más que procure incursionar en la importación de combustibles, solo podría aportar su “know how” del negocio en el que ha operado por cerca de sesenta años; en esta ocasión operando como “bombeador de emergencia” dentro de un improvisado, frágil, mal planificado y dependiente sistema energético de un solo ducto. Actualmente, la importación de emergencia encarece todo por varias razones. De un lado, el GLP importado es bastante más costoso que el derivado del gas natural de Camisea; las gasolinas, lo mismo, sumado aquello a que la coyuntura internacional haría que Petroperú tenga que asumir un factor adicional: el encarecimiento del barril por la presión internacional. En conclusión, somos extremadamente vulnerables sin Camisea. ¡Tanto que un pinche ducto ha paralizado el país! Hay voces que sugieren que el Estado preste dinero a Petroperú contra alguna operación de tipo hipotecario, por ejemplo, para que reviva sus genes como importador de combustibles. Pero en las condiciones de crisis existencial en que se encuentra, de recambio interdiario de su plana ejecutiva y de completa desmoralización interna —fundamentalmente, con una desestructuración integral como empresa pública—; con los antecedentes de corrupción que han acompañado durante seis décadas a Petroperú; y por encima de todo, considerando que nadie con dos dedos de frente querrá aceptar semejante encargo en momentos de crisis terminal de esta compañía —con elecciones generales en escasas semanas y las consecuencias que ello pudiera revertirse a quien decida —heróicamente— inmolarse como resucitador de la empresa engreída del comunismo peruano, tan solo para lograr, por arte de birlibirloque, que de la noche a la mañana Petroperú resucite, en esta ocasión convertida en exitosa importadora, comercializadora y distribuidora de combustibles importados. Creemos que una iniciativa como esta no reúne la más mínima probabilidad de éxito. Y una razón complementaria —por cierto, demoledora—: en nuestro país lo temporal automáticamente se vuelve permanente. Desde todo punto de vista, no debemos revivir al monstruo de mil cabezas que toda su vida ha sido Petroperú.
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